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Su nombre se debe a una antigua costumbre andina de llamar a los trapiches
con el apellido de la familia propietaria. Perpetuo Clavo, la adquirió
en un curioso trueque con el general Santana Saavedra, y la heredó
a sus hijos, quienes no tuvieron descendencia conocida, razón
por la cual el gobierno expropió los terrenos de la hacienda
y los destinó a diferentes fines.
Esta
joya arquitectónica de finales del siglo XIX permaneció
en ruinas durante muchos años, hasta que gracias a la oportuna
intervención de Acción Social, una asociación
civil que trabaja por las necesidades de Boconó, la casa
y el trapiche fueron restaurados y se convirtieron en la sede de
un museo que ofrece sus espacios al rescate, conservación
y difusión de la cultura local.
Bajo
la tutela de Acción Social se creó la Asociación
Civil Amigos de Boconó, encargada del funcionamiento del
museo Trapiche de los Clavo desde su inauguración en 1998.
El
museo tiene un área dedicada a la caña de azúcar,
donde se conservan el molino de agua, las pailas donde se hervía
la melcocha y los moldes de donde se hacía la panela. Actualmente
están preparando el levantamiento de un área dedicada
al café, pilar de la economía boconesa. Además,
el museo cuenta con un área de telares y otra en la que se
dictan talleres de artesanía local, como talla en piedra.
En
sus instalaciones funciona también el Centro de Documentación
e Información, cuyo fin es el registro, investigación
y difusión de la historia y cultura trujillana.
El
museo cuenta también con tiendas donde se pueden adquirir
dulces y artesanías, además de un pequeño restaurante
en el que se puede disfrutar de varios platos típicos de
la gastronomía del lugar.
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La historia del trapiche y Los Clavo
Don
Perpetuo Clavo nació en las cercanías de Boconó,
dedicado a la agricultura y la cría de bestias de carga;
Don Perpetuo vendía su mercancía en la tienda del
general Santana Saavedra y allí mismo compraba lo que necesitaba.
Don
Perpetuo pidió un día al general que le fiara parte
de los enceres que necesitaba pero éste se negó. En
otra oportunidad Don Perpetuo se acercó al comercio con un
grupo de muy buenas mulas que deslumbraron al general, quien ofreció
comprarlas. Don Perpetuo puso como condición al negocio que
le vendiera unos terrenos ubicados en la margen izquierda del río
Boconó.
Fue
así como el trapiche, la casa y las tierras cayeron en manos
de la familia Clavo. Don perpetuo se casó con Josefa Carrillo,
con quien tuvo dos hijos.
La
hacienda y el trapiche prosperaron en manos de Don Perpetuo, que
incluso logró exportar café a países europeos.
La
prosperidad del trapiche llegó a su fin cuando Don Perpetuo
perdió un pleito con la familia Berroeta por el destino de
las aguas que hacía mover la rueda del molino de caña
y servían para el riego.
Debido
a esto, pidió ser enterrado en Tostós para no tener
que pasar, ni muerto, frente a la casa de los Berroeta, camino obligado
hacia el cementerio de Boconó.
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[ ENLACES ] |
El
Trapiche de Los Clavo en Venezuela Virtual
Información
de Trujillo en INATUR
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