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La expedición que daría pie al encuentro entre la cultura americana
y europea, pasó por grandes dificultades antes de que se llevara a cabo.
Su fin último era hallar una nueva ruta comercial que le facilitara a España
la obtención de mercancías del Lejano Oriente. No obstante, resultó
en un descubrimiento trascendental que cambiaría la historia del mundo.
En 1484, Cristóbal Colón le presentó al Rey Juan II
de Portugal su proyecto de navegar a Las Indias por occidente. Éste lo
sometió al estudio de su junta de expertos, quien rechazó la puesta
en marcha de la expedición. Se dice que una de las causas de tal negativa
respondió a que el plan del genovés era recorrer el área
cercana a las Islas Canarias (territorio reservado a la Corona de Castilla gracias
al Pacto de Alcacovas), pues asumía que éstas se hallaban en el
mismo paralelo que Cipango (Japón), y que navegando hacia el oeste se debía
llegar a Asia. Lo que desconocía el almirante era que había elegido
la ruta más corta para llegar a América. Así fue
como Colón decidió probar suerte con los reyes de España.
Se trasladó a Córdoba, lugar donde se encontraban éstos a
raíz de la guerra con los moros en Granada. Sin embargo, no fue recibido
en esa ocasión y tuvo que esperar hasta el 20 de enero de 1486, cuando
se le concedió la audiencia en Alcalá de Henares. Allí les
entregó un memorial, en el que explicaba sus pretensiones: ayudas, premios
por su servicio y compromiso que ofrecía. Isabel y Fernando decidieron
que un grupo de entendidos en la materia estudiaran el plan. Nuevamente fue rechazado
el proyecto, pues no se creía posible alcanzar la costa de Asia navegando
hacia el occidente. Colón regresó a Portugal, y no obtuvo respuesta
alguna del rey lusitano. Finalmente, volvió a España y con la intervención
del cardenal Mendoza logró que los Reyes reconsideraran las posibilidades
del intento. Así, luego de concluida la guerra de Granada, fueron aceptaron
las demandas de Colón, y mediante las Capitulaciones de Santa Fe, en abril
de 1492, se comenzó a organizar el viaje. Se eligió al
Puerto de Palos como punto de partida de la expedición, ya que alojaba
a una gran cantidad de marineros y expertos en viajes atlánticos. Sin embargo,
ninguno de ellos acompañó a Colón pues consideraban demasiado
riesgosa la misión. Gracias a la ayuda del armador Martín Alonso
Pinzón se reunió a la tripulación necesaria para iniciar
la empresa. Así zarpó Colón el 3 de agosto de 1492,
en compañía de unos noventa hombres entre los que se contaban Juan
de la Cosa, Francisco Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón.
Iban a bordo de dos carabelas llamadas la Pinta y la Niña, y de una nao,
la Santa María. El viaje se desarrolló muy bien al principio,
a pesar de que la Pinta tuvo una avería en el timón sobre la costa
de la Gran Canaria. Permanecieron en Gomera cerca de un mes, y reiniciaron la
travesía del Atlántico el 6 de septiembre. Conforme pasó
el tiempo, surgió el descontento en la tripulación ya que el período
estipulado para la travesía se había alargado y navegaban en un
mar desconocido, del que no existía mapa alguno. Transcurrieron semanas
en las que sólo se vieron rodeados por cielo y agua. No
obstante, en la madrugada del 12 de octubre Rodrigo de Triana, el vigía
de la Pinta, exclamó "Tierra, tierra", al descubrir en el horizonte
una isla. Habían arribado a lo que los indígenas llamaban Guanahaní,
y que Cristóbal Colón bautizó como San Salvador, ubicada
en el actual archipiélago de Las Bahamas. Al llegar a la costa, éste
vestido con sus mejores galas preparó el estandarte de la corona española
y tomó posesión de las nuevas tierras.
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Estos expedicionarios se encontraron con un sitio muy diferente al que esperaban.
No era la tierra de las grandes ciudades, tampoco era un inframundo. Sus habitantes
eran hombres y mujeres normales, cuyas peculiaridades consistían en el
color de su piel y en ir desnudos. Los primeros contactos entre ambas
culturas fueron pacíficos, y en ellos se realizaron algunos intercambios.
Luego de hacer oficial el descubrimiento, Colón comenzó a explorar
la región. Llegó a Cuba, a la cual llamó Juana, convencido
de hallarse en Catay (China). En diciembre atracó en una isla grande que
denominó La Española, actual República Dominicana y Haití.
Tuvo que permanecer allí porque un temporal hizo naufragar a la Santa María.
Con los restos de la embarcación construyó un fuerte llamado Navidad,
en el cual dejó 39 hombres con instrucciones de reunir oro. Después
emprendió el regreso a Europa, a bordo de la Niña. Colón
volvió a España con la noticia de haber descubierto tierras en el
océano; fue recibido con todos los honores del caso. Les enseñó
a los reyes oro, muestras de plantas y animales desconocidos, y varios indígenas
capturados. Cristóbal Colón murió convencido de que
había llegado a Las Indias.
Y fueron cuatro
viajes * Segundo viaje:
Cristóbal Colón pudo organizarlo en menos de siete meses. Zarpó
de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, con 17 naves y 1.500 hombres. La
mayoría de los tripulantes iban con el propósito de establecer factorías
o colonias en el Nuevo Mundo. En esta oportunidad el almirante exploró
varias islas de Las Antillas, Puerto Rico y Jamaica. *
Tercer viaje: resultó mucho más difícil de llevar
a cabo. Zarpó de Sanlúcar de Barrameda el 30 de mayo de 1498, con
seis carabelas. Sin saberlo, en esta expedición Colón tocó
por primera vez tierra firme: Venezuela, la costa septentrional de América
del Sur. * Cuarto viaje: parte el
11 de mayo de 1502 desde Cádiz, con cuatro barcos y 150 tripulantes. Hace
un recorrido por varias de las islas descubiertas en sus anteriores travesías.
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