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CONSEJO PARA APRENDER A SUFRIR
Ayer, hoy, mañana,
lo cierto es que has sufrido
O estás sufriendo. O sufrirás.
Culpas a Dios de tu dolor.
Y a menudo es la libertad, tuya o ajena, mal ejercida,
Quien lo causa.
Provocado o espontáneo,
¡Qué gran altavoz de Dios es el dolor!
Dicen: hay dolor, luego, Dios no existe.
Di: si existen ambos ¿qué sentido tendrá mi sufrir?
Dios no creó el dolor, no lo divinices.
Acéptalo como Cristo. Sólo para redimir.
Quizás sólo cuando alguien meta sus dedos
en tus llagas alegres, crea como Tomás.
Tanto sufrirás cuanto ames.
Tanto amarás cuanto seas capaz de sufrir.
La penitencia purifica, merece.
Pero mortifícate, sobre todo, para no mortificar.
No serás plenamente feliz
mientras no superes ese miedo que tienes a sufrir.
A lo último, será una mala noche
pasada en una mala posada.
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