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María, la mujer del silencio
María representa una pieza clave en nuestra historia de la salvación. Por eso, en este mes dedicado a honrar a la que es Madre de Dios y Madre nuestra, debemos mirar en ella aquellas virtudes a imitar. Y una de aquellas virtudes que brilló de modo particular en ella fue su exquisito silencio, como disposición necesaria para escuchar la voz de Dios.
María, la madre de Jesús, viene a desarrollar una misión muy singular en la vida y en el ministerio de su hijo. Por otra parte, ella ejercita un servicio único e irrepetible, por cuanto le ha dado la vida a Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios. Bajo este aspecto, María de Nazaret no puede ser imitada.
Sin embargo, no radica en esto su grandeza. Ciertamente, María es grande por haber generado a Jesús; pero lo que la hace todavía más grande es que creyó en Dios, a través de la palabra de Jesús, Hijo de Dios e hijo suyo. Bajo este perfil María puede ser imitada: ella es nuestro modelo.
En su secreto está también su felicidad: dichosa es María, porque como mujer dio a luz y amamantó a Jesús; y lo es todavía más porque escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica. Así, María está muy cerca de nosotros, tan cerca que se vuelve hermana nuestra; tan cerca que es un alivio y un consuelo para todos nosotros; tan cerca que nos permite esperar en el progreso de la vida cristiana; también cuando creemos que no podemos lograrlo y de retroceder en vez de avanzar.
Le damos gracias a Dios, por haber elegido a una Madre como María de Nazaret, y por habernos dado a nosotros una Madre tan cercana. Pidámosle a ella misma, nuestra Madre buena, que nos enseñe a callar cuando sea necesario; que estemos siempre dispuestos a escuchar la voz de Dios, para descubrir así cuál es su voluntad sobre nosotros y cumplirla con agrado.
Si quieres compartir una historia o una reflexión con nosotros, puedes enviarla al siguiente correo electrónico: iglesiavirtual@mipunto.com
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