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El Demonio y su acción en el mundo
Los avances de los últimos tiempos, en el campo de la ciencia y del conocimiento, han promovido entre las personas instruidas, un rechazo a todas aquellas realidades que no puedan ser explicadas científicamente; y aún más, el rechazo total a la existencia de los demonios y su posible acción en el mundo.
Éste ha sido uno de los grandes éxitos de Satanás, pues al no hablar de él, de su existencia y de su acción, impedimos que los cristianos aprendan a luchar contra él y sus asechanzas. Para hablar del demonio, debemos comenzar por decir, que es una criatura de Dios. De hecho, era una de las criaturas más perfectas salidas de sus manos, pero movido por la soberbia, se rebeló contra Dios, queriendo ser superior a ÉL: “No te serviré”, le dijo, como nos cuenta la Sagrada Escritura. De allí, su esfuerzo por dominar en el mundo y esclavizar al hombre, haciéndolo obediente a sí mismo en oposición a las órdenes de Dios, tal como lo hizo con nuestros primeros padres.
¿De qué manera el demonio se opone a Dios y al Salvador? Queriendo para sí el culto debido al Señor. Pero, ¿Cuáles son los disturbios que el demonio puede causar a los hombres mientras viven?
Se puede decir, que hay una acción ordinaria del demonio, que se dirige a todos los hombres: la de tentarlos para el mal, y de este modo, siembra la discordia en las familias y en los pueblos, la desunión y la falsedad. También Jesús, en su condición de hombre, fue tentado por Satanás. Pero hay también una acción extraordinaria de Satanás que Dios permite sólo en determinados casos. Dentro de esta acción extraordinaria, encontramos:
Algunas clases de sufrimientos físicos causados por Satanás externamente: Muchos santos, han padecido de estos sufrimientos. San Pablo de la Cruz, el santo cura de Ars., el P. Pío y otros muchos, fueron golpeados, flagelados, aporreados y apaleados por demonios, para tratar así de impedirles su acción en bien de los demás.
La posesión diabólica: Es el tormento más grave, y tiene lugar cuando el demonio se posesiona de un cuerpo (no de un alma a menos que la persona así lo quiera expresamente), para hacerlo actuar como él quiere, sin que la víctima pueda resistirse, y por lo tanto sin que sea responsable de esto.
También el demonio puede provocar disturbios y enfermedades, poco graves o muy graves, tal como nos cuenta la Biblia que le sucedió a Job, que fue golpeado en los hijos, en los bienes y en la salud, o el caso de la mujer encorvada y el sordomudo curados por Jesús según nos cuentan los Santos Evangelios.
¿Cómo podemos defendernos de estos posibles males?
En primer lugar, con los medios comunes de la Gracia: la oración, recibir con frecuencia los sacramentos (en especial la confesión), la limosna, la vida cristiana, perdonar las ofensas, acudir constantemente al Señor, a la Santísima Virgen, a los santos y a los ángeles, nuestros grandes aliados.
Otro medio necesario para defendernos de la acción del demonio, es mantenernos alejados de la magia en todas sus formas. Cada día montones de personas van en busca de la verdad sobre su futuro, visitar brujos, astrólogos o van a que les lean las cartas. Pero ¿Qué hay detrás de todo esto? Los ignorantes piensan que sólo superstición o curiosidad. La magia no es sólo una vana creencia, sino un recurso de las fuerzas demoníacas para influir en el curso de los acontecimientos y para influir sobre las personas, en provecho propio, alejando de Dios al hombre y llevándolo al pecado, a la muerte interior para hacerlo así esclavo del demonio.
Finalmente, en los casos de posesión diabólica, se debe acudir al exorcismo. Jesús dijo: “en mi Nombre, expulsarán demonios...”. La Iglesia, para dar mayor eficacia a este poder dado por Cristo y para salvaguardar a los fieles de embusteros y magos, instituyó un sacramental especial, exorcismo, que puede ser administrado exclusivamente por los obispos y por sacerdotes a quienes el obispo haya encomendado esa especial tarea. Así lo establece el Derecho Canónico y para su administración, se deben cuidar los ritos y fórmulas establecidos por la Iglesia en el Ritual.
Y para concluir el tema de esta semana, es importante destacar que los cristianos desde pequeños, tenemos derecho a conocer los peligros que nos asechan y el mayor de ellos es el demonio, por lo tanto es indispensable hablar de la existencia del diablo desde la catequesis de los niños, por supuesto adecuando el tema a la edad de los pequeños, para que no sea motivo de miedo, sino de gratitud a Dios que nos da las armas para vencer al enemigo de nuestras almas, porque efectivamente Satanás es nuestro peor enemigo, y seguirá siéndolo hasta el final de los tiempos, porque usa su inteligencia y sus poderes para obstaculizar los planes de Dios, que quiere la salvación de todos nosotros. Pero Dios es nuestro Amigo, más que eso, es nuestro Padre, nuestra fuerza es la Cruz de Cristo, su sangre, sus llagas, la obediencia a sus palabras y a su institución que es la Iglesia.
Si quieres compartir una historia o una reflexión con nosotros, puedes enviarla al siguiente correo electrónico: iglesiavirtual@mipunto.com
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