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16°
de marzo
Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron.
Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él. Entonces gritó: “Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan está llamas”. Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro en cambio, males. Por eso el goza ahora de consuelo, mientras tú sufres tormentos.
Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá”. El rico insistió: Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allí cinco hermanos, para que les advierta y no acaben ellos también en este lugar de tormentos”. Abraham le dijo: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. Pero el rico replicó: “No, padre Abraham. Si un muerto va a decirlo, entonces sí se arrepentirán”. Abraham repuso: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto”.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
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