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6 de abril
San Marcelino
El martirio de Marcelino, alto funcionario imperial y amigo de San Agustín, está unido al cisma donatista que destrozó durante un siglo a la Iglesia africana. Los comienzos remontan al 310 cuando se objetó la validez de la elección del obispo de Cartago, Ceciliano, porque había sido consagrado por obispos “traidores”.
Cuando el edicto de Diocleciano impuso a los cristianos a que entregaran los libros sagrados para quemarlos, los que obedecieron se llamaron “traidores” y fueron considerados como públicos pecadores. El obispo Donato opuesto por el partido cismático al legítimo obispo Ceciliano, resumía su doctrina en dos puntos: La Iglesia es la sociedad de los santos; los sacramentos administrados por pecadores son inválidos. El pretexto doctrinal en realidad ocultaba oposiciones regionales y sociales.
A este punto entra en el lío San Marcelino, víctima ilustre de los donatistas. Marcelino desempeñaba en Cartago los cargos de tribuno y notario. Buen padre de familia, cristiano ejemplar, fue definido por su amigo San Agustín hombre muy conocido por la universal estimación que tenía por su religiosidad. Como deseaba aprender, se dirigía frecuentemente a San Agustín para que le aclarara los puntos más controvertidos de la doctrina católica.
Marcelino obtuvo la victoria para los católicos, y el emperador Onorio promulgó un decreto contra los donatistas. Estos se vengaron acusándolo de complicidad con el usurpador Eracliano. La acusación era grave y Marcelino fue condenado a muerte por el conde Marino el 13 de septiembre. Como deseaba aprender, se dirigía frecuentemente a San Agustín para que le aclarara los puntos más controvertidos de la doctrina católica.
Al año siguiente el mismo emperador reconoció el error cometido por la justicia romana. Aclarada la situación, fueron sancionadas y aprobadas todas las decisiones del tribuno Marcelino, a quien la Iglesia honró como mártir por su fidelidad a la verdad aún ante la muerte.
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