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5 de abril
San Vicente Ferrer
“Bebe el agua del maestro Vicente” se dice todavía en España para recomendar el silencio. La expresión se refiere a un sabio consejo que el dominico San Vicente Ferrer le dio a una mujer que le preguntaba qué podía hacer para ir de acuerdo con el malgeniado marido.
“Toma este frasco de agua -contestó el Santo- y cuando tu esposo regrese del trabajo, tómate un sorbo y mantenlo en la boca el mayor tiempo posible”. Era el mejor modo de hacer que la mujer tuviera la boca cerrada y no contestara al marido.
La anécdota hace ver la humana simpatía de este hombre, acérrimo fustigador de las costumbres, que le mereció de sus contemporáneos el título de “ángel del Apocalipsis”, porque en sus sermones acostumbraba amenazar con flagelos y tribulaciones.
Vicente nació en Valencia, España, en 1350. A los 17 años había ya terminado con tanto éxito sus estudios de filosofía y teología que sus profesores lo incluyeron inmediatamente en el cuerpo docente. Entró al convento de los dominicos de Valencia y fue ordenado sacerdote en 1378.
Vicente recorrió toda Europa, entusiasmando con su grande oratoria a las muchedumbres de fieles, atraídos también por un fenómeno especial: el predicador dominico, que sólo conocía el castellano, el latín y un poco de hebreo, le entendían todos los fieles de varias naciones a donde él iba, cada uno en su lengua, repitiéndose así el milagro de Pentecostés.
Murió el 5 de abril de 1419, durante la misión en Vannes, y fue canonizado por el compatriota Calixto III en 1455.
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