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1° de abril
San Hugo
San Hugo nació en el seno de una noble familia del Delfinado, y desde niño fue una bendición. Siguió la carrera eclesiástica, recién acabada fue honrado con un canonicato en la catedral de Valencia. Desde ahí se extendió la fama de su santidad, que llegó a Roma. De este modo, cuando quedó vacante la silla episcopal de Grenoble se propuso a San Hugo para ocuparla.
El legado papal tuvo que hacer enormes esfuerzos para convencer a nuestro santo de que aceptase, ya que se sentía indigno e incapaz. Cuando llegó a Grenoble, encontró su diócesis sumergida en los vicios y abusos: concubinato de clérigos, simonía, usura, falta de moral entre los fieles y mala administración en el obispado.
A pesar de los problemas, gobernó sabiamente, ganando los corazones de todos sus feligreses y consiguiendo que poco a poco los abusos fueran desapareciendo. Pero San Hugo tenía una inclinación al retiro, y sintiendo además que no era lo bastante fuerte para luchar contra todos aquellos vicios, salió secretamente de su ciudad para refugiarse en un monasterio. El propio Papa tuvo que ordenarle que regresara.
La feligresía, deseosa de que su santo obispo permaneciera en la ciudad, se propuso colaborar más decididamente a reformar las costumbres. Al cabo de un tiempo, Hugo tuvo un sueño: siete estrellas resplandecientes iban a esconderse a un desierto. A la mañana siguiente, San Bruno fue a visitarle con seis compañeros, pidiéndole consejo para fundar un instituto.
Recordando su sueño, el obispo les donó una zona desértica llamada Cartuja, y edificó para ellos algunas celdas y una capilla. Así, San Hugo se convirtió en padre y protector de los primeros cartujos.
Nuestro santo murió a los setenta y nueve años, después de una vida de duros trabajos apostólicos. San Hugo es modelo de obispos, uno de los más santos que ha habido, aunque es probable que nunca haya habido nadie con menos vocación episcopal.
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