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27 de marzo
San Ruperto
Se piensa que Ruperto descendía de la familia de los reyes merovingios. Muy joven fue ordenado obispo de Worms por aclamación popular, y para evitar que el destacado cargo le hiciera caer en el orgullo, practicó constantemente las más duras austeridades y mortificaciones.
Se enfrentó mucho a los paganos de la ciudad, liderados por el conde Bercario, que al fin lo mandó azotar y lo exilió de Worms. Así empezó nuestro santo su largo itinerario por la orilla del Danubio, enseñando y bautizando a la gente. Peregrinó a Roma, donde el propio Pontífice lo recibió con enormes muestras de cariño y respeto. Allí conoció al duque Teodón de Baviera, que al saber lo que había ocurrido con su diócesis le regaló a Ruperto la región de Zuvave.
Cuando el obispo llegó allí, comprobó que la zona estaba en ruinas y prácticamente abandonada: sólo quedaban unos cuantos campesinos pobres que habitaban entre columnas rotas y edificios resquebrajados. Ruperto se puso de inmediato a trabajar.
Atrajo colonos a Italia, y con ellos apartó las ruinas y comenzó a reconstruir. También hizo venir monjes, religiosas y sacerdotes, para los cuales fundó sucesivos monasterios y conventos. La civilización se reavivó en Zuvave: escuelas, iglesias, comercios y huertos. Todo era renacimiento. Ruperto murió cuando su obra estuvo concluida, cuando sus feligreses que habían conocido la desesperación y la pobreza, veían ya un horizonte de prosperidad. Se dice que estaba oficiando la misa cuando el Señor le llamó, acudiendo nuestro santo de inmediato a su presencia.
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