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22 de marzo
San Basilio
El relato del martirio de San Basilio es estremecedor. Sacerdote en Ancira, fue un hombre de vida ejemplar que predicaba el Evangelio sin descanso. Sus sufrimientos empezaron en el año 360, cuando los obispos le prohibieron celebrar asambleas eclesiásticas y Basilio los ignoró.
Muy pronto, Julián El Apóstata accedió al trono imperial y restauró el culto a los dioses paganos. Nuestro santo intensificó sus sermones y recorrió la ciudad entera animando a los cristianos a mantenerse firmes en la fe.
Los idólatras reaccionaron violentamente, y después de humillarle y golpearle, le llevaron ante el procónsul acusado de sedición. Éste ordenó que fuera torturado en el potro y después encarcelado. Durante su encierro, Basilio no cesó ni un instante de glorificar a Dios.
Pocos meses después, el emperador Julián pasó por Ancira y San Basilio fue llevado ante él. Julián intentó convencer al santo de que su fe era errónea, asegurándole que Cristo nunca había resucitado. El mártir replicó con valor a estas palabras, asegurándole al emperador que había cometido un error al abandonar a Cristo justo cuando le había sido conferida la dignidad imperial. Vaticinó que por esta causa perdería el Imperio y la vida.
Julián, ante su irreverencia, le condenó a una cruel tortura: cada día, la piel de Basilio era rasgada por siete lugares diferentes. A los pocos días, el mártir pidió audiencia con el emperador. En vez de hacer apostasía, como todos esperaban, le arrojó a Julián un trozo de su propia carne, mientras juraba que nunca adoraría los falsos dioses. La tortura de Basilio se intensificó: además de rasgarle la piel, su espalda era magullada con púas de hierro al rojo vivo. Llegó un momento en que a Basilio no le quedaba piel sobre la carne, y sus entrañas eran claramente visibles. Sin embargo, soportó el sufrimiento y continuó rezando constantemente y alabando a Dios hasta que, finalmente, expiró.
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