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18 de marzo
San Cirilo
Nació en el año 315 cerca de Jerusalén, y tras ser educado en la fe y en la doctrina de la iglesia y fue ordenado sacerdote por el obispo de esta ciudad. Se le encomendó que fuera predicador y catequista, y así lo hizo durante años hasta que el obispo murió y él fue designado para sucederle.
A los pocos días de estar Cirilo en el cargo, Jerusalén presenció una señal: un cuerpo luminoso en forma de cruz apareció en el cielo justo sobre el Gólgota llegando hasta el Monte de los Olivos.
o fue este un augurio de paz, ya que poco tiempo después el obispo de Cesarea se convirtió a la herejía arriana, y al ver que Cirilo no le seguía decidió deponerlo. Para ello, le acusó de graves crímenes y el Concilio aprobó su decisión. Nuestro santo hizo todas las apelaciones posibles, y al fin el emperador Julián El Apóstata, decretó que todos los obispos desterrados volvieran a sus sedes. Con esto pretendía causar aún mayor confusión en el seno de la iglesia.
Con todo, Cirilo pudo volver a Jerusalén justo cuando el emperador había ordenado que comenzaran las obras de reconstrucción del templo judío. De nuevo se presentaron las señales milagrosas, ya que lo que los trabajadores construían por el día era destruido por terremotos al anochecer, y un buen día una gran cruz reluciente apareció sobre la ciudad. Cirilo fue nuevamente depuesto algún tiempo después, y sólo pudo volver tras once años.
Encontró a su congregación muy dividida pero a pesar de todo continuó trabajando. Era ya anciano cuando asistió al Concilio de Constantinopla, donde condenó con elocuencia a los herejes arrianos. Gobernó su iglesia en paz, por fin, durante cinco años más al cabo de los cuales entregó su alma a Dios.
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