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3 de marzo
San Marino
“Cuando había paz en todas las Iglesias...”: con estas palabras comienza el historiador Eusebio la narración del martirio de Marino, noble y rico oficial del ejército imperial, en Cesarea de Palestina.
El período de paz del que habla Eusebio es el instaurado por Galieno que en el 260 había emanado un edicto de tolerancia para con los cristianos. Evidentemente no todos los magistrados condividían la política de distensión. Por eso no faltaron casos de intolerancia como el sucedido al noble Marino y al senador Asterio.
Esta es la narración de Eusebio: en Cesarea de Palestina había una vacante para el puesto de centurión. Ese puesto le correspondía a Marino. La promoción ya le había sido notificada y él esperaba sólo la entrega de la varilla de la vid, símbolo del grado de centurión romano.
Pero otros ambicionaban esa promoción. Uno de los más obstinados pretendientes se presentó al tribunal declarando que según las antiguas leyes, Marino no podía recibir ninguna dignidad romana porque siendo cristiano se negaría a ofrecer sacrificios al emperador. El juez le preguntó a Marino cuál era su religión. La respuesta del soldado fue clara e inmediata: “soy cristiano”. El juez le dio tres horas para reflexionar.
Pasadas las tres horas. Marino regresó al tribunal y ante el juez proclamó su fe “con valentía todavía más grande”. Inmediatamente fue condenado a la pena capital y ejecutada la sentencia. Durante el martirio del joven estaba presente Asterio, que quiso emularlo en la valentía, echándose sobre las espaldas el cuerpo del mártir para darle digna sepultura, sabiendo que ese gesto lo comprometería a él. En efecto, Asterio compartió casi inmediatamente con Marino el honor del martirio.
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