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13 de febrero
Santa Catalina de Ricci
Santa Catalina fue uno de esos seres afortunados que durante gran parte de su vida gozan de una comunicación privilegiada con Dios. Son famosos sus éxtasis y varios papas acudieron a ella para escuchar sus consejos.
Nació con el nombre de Alejandra, hija de una rica familia florentina. Su madre murió cuando la santa no tenía más que seis años, y su padre la envió al convento de Monticelli para que fuese educada. Allí encontró la felicidad y por ello, cuando volvió junto a su padre, encontró insoportable la vida que le correspondía debido a su posición social.
Al fin logró el consentimiento para tomar los hábitos, y así lo hizo cuando sólo tenía trece años, cambiando su nombre por el de Catalina. Ingresó en un convento de dominicas, y durante los dos primeros años que pasó allí sufrió lo indecible a causa de una dolorosa enfermedad.
Santa Catalina ofreció a Dios sus sufrimientos y de modo casi milagroso, se curó. Desde entonces se dedicó a una vida completamente espiritual, haciendo constante penitencia y practicando la mayor de las austeridades. Muy pronto fue maestra de novicias, después subpriora y a los veinticuatro años fue nombrada priora perpetua.
A partir de ese momento empezó a recibir visitas y a intercambiar correspondencia con grandes personajes de la Iglesia. Uno de ellos fue San Felipe Neri, a quien Catalina sólo conocía por carta. Estando él en Roma se le apareció nuestra Santa, y ambos conversaron durante varias horas. Esto ocurrió durante uno de los éxtasis de Catalina, que solían producirse cuando ella se dedicaba a meditar sobre la pasión de Cristo, cada semana, desde el jueves a mediodía hasta las tres de la tarde del viernes.
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