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3 de enero

Santa Genoveva

Nace muy cerca de París, en Nanterre, y promete a Dios desde los primeros años su vida y su virginidad, con la bendición de San Germán de Auxerre. patrona de París, santa de la guarda de la vieja ciudad, cerca de la cual nació cuando Lutecia era un humilde villorrio junto al río, con casas desbordándose por la falda de una colina que hoy lleva el nombre de la pastora.

Su vida de oración y penitencia irradia caridad y renombre de prodigio. Al morir sus padres, deja Nanterre y marcha a París donde vive su madrina. En tiempos turbulentos protegió a la ciudad cuando primero los hunos y luego los francos estaban a punto de arrasarla.

Inerme Juana de Arco merovingia, doncella que salió al paso de Atila e hizo desviar sus hordas. Años más tarde se entrega ejemplarmente, y con extraña eficacia, a superar el pánico del hambre. Las profecías y los milagros la envuelven, y su fama llega muy lejos: Simeón Estilita desde lo alto de su columna en el desierto sirio, al ver a galos entre la multitud que acude a visitarle, les pregunta por Genoveva de la que ha oído hablar cuando París era capital de santidad en el mundo.

Cuando el imperio romano cede el paso a la monarquía franca, Santa Genoveva con su prestigio contribuye a la cristianización del nuevo pueblo. Muy venerada por él y por sus obispos, por sus reyes Childerico y Clodoveo, y por la reina Santa Clotilde, muere nonagenaria, tras haber iluminado con su presencia santa el París del siglo V.

Su Iglesia llegará a ser el panteón de los grandes hombres de Francia. Mucho después de su muerte va a seguir defendiendo a la ciudad, a menudo ingrata, de la destrucción y la peste, pero ninguna de sus dos iglesias parisienses subsiste hoy y la revolución aventó sus cenizas.

La cándida y prodigiosa historia de Genoveva se ha olvidado, de ella no queda más que el nombre de una colina en medio de París. Su Nanterre natal evoca solamente la agitación estudiantil, Lutecia es irreconocible en el monstruoso París de ahora, pero a pesar del estrépito de la modernidad, cuando se hace el silencio es la voz de la santa, como decía Péguy, su gran devoto: No hablarás más que tú cuando todo se calle, y Dios nunca ha quitado la palabra a sus santos.



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