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12 de diciembre
Nuestra Señora de Guadalupe
Al proclamar, en 1910, el papa San Pío X a Nuestra Señora de Guadalupe como Madre y Patrona de toda la América hispana, no hacía sino sancionar con su autoridad suma una filiación vivida en plenitud por esos pueblos nativos americanos que se saben representados en el humilde indio Juan Diego.
La unidad de ferviente adhesión que produce el solo nombre de Nuestra Señora de Guadalupe en pueblos tan distantes, y no pocas veces enfrentados en otros campos, no es sino un refrendo de la seguridad que ofrece el sentirse en verdad “bajo el patrocinio de la Santísima Virgen María”.
Corría el mes de diciembre de 1531, cuando sobre la colina del Tepeyac, la Virgen acudía a visitar, una vez más a los que como ella eran pequeños a los ojos del mundo.
Y, desde entonces, el nombre de Juan Diego queda asociado a la historia de la Iglesia como al portavoz elegido por María para que una multitud ingente de pueblos la proclamen, como algo propio, “Bendita entre las mujeres”.
Y, como una especie de respuesta cariñosa a esa fe sencilla pero acendrada del pueblo latinoamericano, queda el sello de la misteriosa imagen de la Señora ya que, como aseveraba Pío XII, el 12 de octubre de 1945 “en el tilma del pobrecito Juan Diego, pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada una imagen dulcísimo”. Que los cantos de alabanza, que en esta festividad con tanta profusión suben al cielo, sean para todos los pueblos latinoamericanos un anticipo del gozo del cielo.
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