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6 de noviembre
San Leonardo
Leonardo descendía del antiguo linaje de los reyes francos y estaba destinado a ocupar un alto lugar en el ejército. Su destino cambio cuando conoció a San Remigio, quien le convenció para que se dedicara a servir a Dios. Fue discípulo suyo por algún tiempo, dedicándose a predicar el Evangelio por los pasillos del palacio. Prestaba especial atención a los presos, a quienes visitaba diariamente llevándoles el consuelo de la fe.
Al fin se decidió a marcharse de la corte y tomó los hábitos en el monasterio de Micy. Ansiando mayor soledad para encontrar a Dios en el silencio, dejó el convento para retirarse a un bosque de Limoges. Allí construyó un pequeño oratorio, donde vivía de la divina providencia.
La leyenda de un hombre santo que alababa al Señor en la naturaleza se fue extendiendo; fueron llegando monjes y penitentes que querían vivir bajo su consejo. San Leonardo los acogió a todos y acabo fundando un monasterio para ellos. Pasó con sus frailes el resto de sus días.
Toda su vida continuó ayudando a los perseguidos por la justicia; el monarca le concedió unos privilegios en virtud de los cuales podía dar la amnistía a los prisioneros que considerara dignos de ello. Hoy sigue siendo patrón de los presos, y por ellos intercede ante Dios y ante el César.
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