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25 de octubre
San Crispín y Crispiano
En el condado de Kent, en Gran Bretaña, y en la iglesia parroquial de la ciudad de Faversham, hay un altar dedicado a estos dos mártires del siglo III, y en la misma localidad hubo una casa hasta el siglo XVII a la que acudían peregrinos porque se afirmaba que en ella habían residido los dos santos. Es improbable, ya que esa piadosa tradición se apoya en una leyenda que parece en abierta contradicción con el hecho de que la Iglesia los haya elevado a los altares orlados con la corona del martirio.
Estos dos santos, hermanos e hijos de una familia acomodada y no menos famosos en Francia que en Kent, llegaron a la entonces provincia romana de La Galia desde la capital para predicar en ella el evangelio de Cristo a mediados del siglo III. Fijaron su residencia en Soissons y allí, mientras dedicaban las horas nocturnas a trabajar como zapateros, siguiendo las enseñanzas de San Pablo. Ocupaban las horas diurnas en su labor de apostolado, llevando la fe de Cristo a los galos, que quedaban maravillados con los ejemplos de caridad, laboriosidad, humildad, desprendimiento y fe que daban con sus vidas.
Su labor de apostolado se prolongó durante bastantes años, pero la llegada del emperador Maximiano a la Galia belga incitó a algunos vecinos a lanzar sobre ellos una acusación de impiedad y el emperador, más por crueldad que por la defensa de los dioses, dio orden de que fueran llevados ante Ritio Valus, feroz perseguidor de los cristianos y a quien había nombrado gobernador.
Los dos hermanos padecieron tormento y finalmente fueron muertos a espada. Murieron hacia el año 287 y a ellos hacen referencia martirologios como los de San Jerónimo.
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