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2 de octubre
Santos Ángeles Custodios
El señor, cuando habla de los niños, nos anuncia que “en el cielo, sus ángeles están viendo siempre el rostro de mi Padre Celestial”. En el salmo 91, se nos anuncia: “Dios te enviará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos”. Orígenes nos recuerda que “cada uno de nosotros tiene un ángel bueno que nos dirige, nos gobierna, nos corrige y presenta a Dios nuestras plegarias”. Y San Benito insiste en que “debemos tener para con nuestro ángel de la guarda respeto, gratitud y confianza”.
Hasta hace no muchos años, todas las madres cristianas acostumbraban a sus hijos a encomendarse al ángel de la guarda al tiempo que les enseñaban a rezar a Dios y a la Virgen María. “Ángel de la guarda, dulce compañía, no me dejes solo ni de noche ni de día, ángel de la guarda, dulce compañía, no me dejes solo que me perdería” era junto al “Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me acompañan: dos a los pies, dos en la cabecera, y la Virgen María que es mi compañía”, lo que nos abría las puertas del sueño y espantaba de nosotros todos los miedos.
Es evidente que para creer en el ángel de la guarda se hace preciso ser como un niño, pero la iglesia venera la figura de los Santos Ángeles Custodios desde hace, al menos, quince siglos, porque Cristo afirmó que no entraríamos en el reino de los cielos si no nos volvíamos como niños y porque la debilidad del hombre, los miedos, titubeos, inseguridades de ese niño que todos llevamos dentro, y nuestro propio temor a la soledad, encuentran en el ángel de la guarda una compañía más fiel y eficaz que los mil sucedáneos que pretenden ofrecernos bajo figura de hadas, gnomos u ositos de peluche.
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