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28 de septiembre
San Wesnceslao
El joven príncipe, que nació en Bohemia hacia el año 907 personifica el ideal del héroe nacional, valientemente comprometido en la promoción cultural y religiosa del pueblo eslavo.
Cuando se derrumbó el reino moravio en el año 895, los príncipes bohemios entrando en el juego diplomático de las potencias de ese entonces se aliaron con el fuerte reino franco, y adoptando los principios de las antiguas civilizaciones comenzaron el proceso de europeización de los Estados de Europa central.
Líder de esta política de visión hacia el futuro fue el joven duque de Bohemia, Wenceslao. Él había sido educado cristianamente por la abuela Ludmila, venerada como santa. Tan pronto tuvo la edad requerida, sucedió al padre después de la breve regencia de la madre Draomira. Mujer intrigante, Draomira prefería al segundo hijo, Boleslao, y fomentó con todos los medios a su alcance la rivalidad entre los dos, hasta el punto de llevar al segundo a marcharse con el grave delito del fratricidio.
En la mañana del 28 de septiembre de 935, mientras Wenceslao salía de casa para ir a misa, Boleslao, que lo esperaba en un lugar solitario con un grupo de cómplices, le saltó encima para herirlo por la espalda. El joven rey, que todavía no tenía treinta años, detuvo el golpe y echó mano a su espada, pero cuando se dio cuenta que el asesino era su hermano bajó el arma murmurando: “Podría matarte, pero la mano de un siervo de Dios no debe marcharse con el fratricidio”.
Fue asesinado por los sicarios de Boleslao. Este ejemplarísimo príncipe cristiano anteponía sus deberes religiosos a los soberanos, hasta el punto de llegar tarde a una importante asamblea de Worms, convocada por el emperador Otón, por que estaba en misa. No era raro ver al joven rey mezclado con otros fieles, con los pies descalzos, durante las procesiones penitenciales.
Impuso a su cuerpo la dura disciplina del silicio y las diarias mortificaciones. Fue considerado como un rey renunciatario por haber buscado la alianza con los poderosos francos limítrofes, pero el mismo hermano Boleslao, que le sucedió después de haberlo mandado asesinar, comprendió esa política realística y la siguió. Boleslao comprendió el error de valoración respecto de su hermano, hacia quien la devoción popular creció de día en día, por los prodigios que se obraban sobre la tumba del mártir, venerado inmediatamente como santo, el primero de los pueblos eslavos.
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