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20 de septiembre

Santa Fausta

En Cízico, en la Propontida, se celebra los santos mártires Fausta Virgen y Evilasio, bajo el emperador Maximiliano. “Fausta fue colgada y atormentada por el mismo Evilasio, sacerdote pagano, después de haberle rapado la cabeza para ser humillada. Luego, queriéndola cortar por la mitad y no pudiendo ofenderla los verdugos, Evilasio, maravillado por esto, se convirtió a Cristo; y mientras también él era cruelmente atormentado por orden del emperador, Fausta, taladrada en la cabeza, atravesada con clavos por todo el cuerpo y puesta en una parrilla encendida, finalmente, junto con el mismo Evilasio, llamada por una voz celestial, pasó al Señor”.

Así narra el Martirologio Romano el recuerdo de la santa de hoy. Como sucede a menudo, estas informaciones fueron sacadas exclusivamente de los Hechos. Además, la narración ha sido víctima de correcciones y variaciones más o menos contemporáneas. Pero el documento fue utilizado también por el célebre historiador Venerable Beda en su Martirologio, en el que se leen más o menos las mismas noticias referidas. Inclusive, es interesante como él haya acogido juntamente dos variantes.

El primer suplicio de Santa Fausta, “rapada la cabeza para ser humillada”, fue ampliando efectivamente por él sintetizado dos documentos distintos uno de los cuales asegura sólo que la mártir fue “despojada de sus cabellos”. Este suplicio era, evidentemente uno de los “números” preferidos por los verdugos, puesto que se le recuerda también en el caso de otras santas vírgenes mártires, y lo mismo dígase del intento (que falló en el caso de Fausta) de cortarla “por la mitad”, “como si fuera un pedazo de madera”, como añade Beda.

Los mismos hechos, recordando el suplicio de los clavos, dicen con cierta candidez que el cuerpo apuntillado de Fausta se parecía a la “suela de un zapato”. La mártir de Cízico consumó su sacrificio supremo sólo cuando la llamó “una voz celestial”.

Las reliquias de Fausta de Cizíco fueron objeto de una doble traslación. En Narmi, en efecto, fue el obispo San Casio, quien edificó para la difunta amadísima esposa, que se llamaba precisamente Fausta, un sepulcro que después quiso enriquecer con los restos de la Santa homónima de Cízico. Así fue como comenzó a ser venerada también una Santa Fausta de Narmi.



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