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28 de agosto
San Agustín
San Agustín es un santo extremadamente humano, que vivió intensamente todos los gozos, pasiones e inquietudes de los hombres. De una enorme profundidad espiritual, es también muy probablemente una de las mayores inteligencias del santoral.
Nació en Tagaste (hoy Argelia) y, a pesar de las buenas enseñanzas de su virtuosa madre, Santa Mónica, muy joven cayó en el vicio y en las tentaciones carnales: vivió catorce años con una mujer, sin llegar a casarse nunca, y tuvo un hijo con ella.
Desde la más tierna infancia destacó por su talento y su elocuencia, y cuando por fin se embarcó en una búsqueda de las verdades espirituales se extravió por las sendas de la secta maniquea. Esta herejía parte del cristianismo, pero incluye principios budistas así como enseñanzas de Zoroastro: concluye con que hay un equilibrio en el mundo entre el bien y el mal, y que ambos son igualmente poderosos.
Viajó a Cartago, donde prosiguió sus estudios y abrió una escuela de retórica. Desde allí se traslado a Italia, con el proyecto de enseñar en Roma. Pero una enfermedad le obligó a detenerse en Milán. Fue éste el escenario de su conversión, gracias, como él mismo nos cuenta, a las plegarias de su madre (que estaba de camino para asistir a su hijo en la enfermedad) y las largas conversaciones con San Ambrosio.
Ya bautizado, y tras la muerte de su santa madre, regresó a Cartago, donde se retiró a una casa de campo con algunos amigos: es éste el inicio de la orden de ermitaños de San Agustín. Después de ser ordenado sacerdote, fundó un nuevo monasterio en Hipona, donde se dedicó especialmente a enseñar y a escribir. Poco más tarde fue consagrado Obispo de esta ciudad.
Durante el resto de su vida, compaginó sus labores pastorales con la lucha contra la herejía. Combatió especialmente los errores de los pelagianos al respecto del pecado original y de la gracia divina. San Agustín nos ha dejado muchas y brillantes obras, como Las confesiones y La ciudad de Dios. Por todas ellas, y por su profundidad filosófica y doctrinal, es reconocido como uno de los más importantes doctores de la iglesia de todos los tiempos.
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