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20 de agosto
San Bernardo
Bernardo era un joven aristócrata de Dijon, que fue enviado a Chantillon para estudiar en un colegio de sacerdotes. Cuando tenía diecinueve años, su madre murió, por lo que nuestro santo volvió a casa y continuó sus estudios como autodidacta.
Empezó a meditar la idea de tomar el hábito cisterciense (bajo la regla de San Benito), pero sus hermanos y amigos intentaron disuadirlo. Bernardo defendió su causa con tanto afán que al fin arrastró a todos sus compañeros a unirse a él. Ingresaron a Citeaux (la cuna de la orden cisterciense) en 1114, y desde entonces Bernardo se dedicó con ardor a sus ejercicios monásticos.
El número de monjes empezó a crecer hasta más allá de la capacidad del monasterio, por lo que nuestro santo fue enviado a la Champaña para fundar un nuevo convento, Claraval, del que será padre abad. Después del éxito de esta labor, los superiores de la orden encargaron a Bernardo la tarea de fundar abadías en varios lugares de Francia y en Portugal, cosa que hizo con gran éxito.
Se dedicó también con gran pasión a la predicación y a la lucha contra la herejía. Fue una gran figura pública de su tiempo, que amonestaba reyes y papas, asistía a concilios, combatía abusos eclesiásticos y arbitraba en disputas políticas. Con todo esto, aún le quedaba tiempo para escribir cartas y obras de teología, de envergadura tan grande que ha sido nombrado doctor de la Iglesia.
Se le propuso varias veces para la dignidad episcopal, pero él siempre se negó afirmando que era un monje de corazón y que Dios no lo había llamado para otra cosa. Murió en la tranquilidad de su celda, como corresponde a un monje, después de una enfermedad que acabó con él a los sesenta y dos años.
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