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17 de agosto
San Jacinto
El apóstol del Norte, santo nacional de los polacos, pertenecía a una familia muy noble de Silesia. Estudio leyes y teología en Cracovia, Praga y Bolonia, y después fue vicario general de la Diócesis de Cracovia.
Su obispo dispuso que Jacinto lo acompañase a Roma en una visita al Papa, y en esta ciudad conocieron a Santo Domingo, cuyas prédicas y sermones llegaron a lo más profundo del corazón de nuestro santo. Después de un noviciado de sólo seis meses, ingresó en la orden de los dominicos, recibiendo los hábitos de manos del propio fundador. Pocos meses más tarde se dirigía al norte, encargado de fundar nuevos conventos.
En Polonia, Jacinto fue recibido con inconmensurable alegría: su primer sermón fue todo un éxito. Fundó tres monasterios en su tierra antes de partir hacia las tierras salvajes del Norte. Su principal preocupación a lo largo es esta misión fue eliminar las supersticiones y las prácticas paganas.
Predicó en Prusia, Dinamarca, Suecia, Noruega, fundando monasterios allí donde iba y dejando tras de sí discípulos que continuaban su labor. Después fue a Rusia, donde consiguió que el pueblo y los gobernantes renunciaran al cisma griego y volvieran a la Iglesia Católica.
Continuó hacia Grecia y, luego, Danubio arriba, hacia el ducado de Moscovia, donde gente de todas las regiones se congregaron para escucharlo. Se dice que llegó hasta el Tíbet y Catay, y que predicó el Evangelio entre los chinos.
Por fin Jacinto decidió volver a Europa, y en su camino de regreso tuvo que enfrentarse a las oleadas invasoras de los tártaros. Agotado, se detuvo en su convento de Cracovia para descansar, y allí entregó su alma a Dios.
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