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10 de agosto
San Lorenzo
San Lorenzo es sin duda alguna el mártir más famoso de la antigüedad. Son muchas la Iglesias que están dedicadas a él por todo el mundo y en España, el palacio de Felipe II no sólo está dedicado a San Lorenzo sino que tiene la forma del instrumento de su tortura.
Las primeras noticias que tenemos de San Lorenzo datan de un año antes de su martirio: fue ordenado diácono de Roma en el año 257. Justo en esa fecha, el emperador Valerio publicó un edicto de persecución contra los cristianos. Su primera medida fue condenar a muerte a todos los obispos, sacerdotes y diáconos.
Muy pronto fue apresado el Santo Padre, que antes de morir encargó a Lorenzo que distribuyera todos los bienes de la Iglesia en Roma entre los pobres, para que no cayeran en manos de los perseguidores. Nuestro Santo comenzó a reunir todas las riquezas; siendo informado de ello el prefecto, le hizo llamar.
Citando las palabras de Cristo “Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, le ordenó entregar al Imperio todo aquel dinero. Lorenzo respondió rápidamente que la Iglesia tenía un gran tesoro, pero que necesitaba algún tiempo para reunirlo: se le concedieron tres días. El mártir los empleó en reunir a todos los pobres de la ciudad y, cuando venció el plazo, presentó a los pobres diciendo que aquel era el verdadero tesoro de la Iglesia.
El prefecto montó en cólera, ordenó que se preparara una gran parrilla y que Lorenzo fuera arrojado a ella, de forma que se fuese quemando, muy lentamente. Nuestro santo tenía tal disposición de ánimo y tal alegría de recibir la corona del martirio que incluso se atrevió a bromear con sus verdugos, pidiéndoles que le dieran la vuelta “porque por este lado ya estaba bastante asado”.
Así demostró, una vez más, que los santos no son siempre las figuras serias que nos imaginamos, y que es posible y hasta deseable entregar el alma a Dios con una sonrisa en los labios, incluso en las peores situaciones imaginables.
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