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1° de agosto
San Alfonso María de Ligorio
Alfonso María de Ligorio nació en Nápoles, el 27 de septiembre de 1696, de una de las más antiguas y nobles familias. Fue considerado un niño prodigio por la facilidad con la que aprendía las varias disciplinas, desde los idiomas hasta las ciencias, desde el arte hasta la música.
A los 19 años era ya un abogado famoso. Pero en una de las grandes ocasiones resbaló sobre la famosa cáscara de banano: un documento presentado después de su brillante defensa del imputado demostró que él había, aunque a buena fe, sostenido lo que era falso. Ese incidente determinó el cambio radical de su vida: abandonó la toga y se puso al servicio de una justicia que no puede ser desmentida.
Fue ordenado sacerdote a los 30 años y se dedicó al servicio de los “vagos” de los barrios periféricos de Nápoles. A los 36 años, con la colaboración de un grupo de laicos, fundó la Congregación del Santísimo Redentor, que al principio llamó del Santísimo Salvador. Los miembros de esta Congregación se conocen hoy con el nombre de Redentorista.
A los 60 años fue elegido obispo de Sant’Agata de’Goti y dirigió la diócesis durante 19 años, cuando, ya ciego y sordo, fue a pedir hospitalidad a sus hijos espirituales, en una casa de Nocera, en Pagani, cerca de Nápoles, en donde vivió hasta su muerte en 1787, a la edad de 91 años.
En esos últimos doce años de vida, para permanecer fiel a su programa juvenil de no perder nunca tiempo, se dedicó a la redacción de otros libros, enriqueciendo la ya abundante mole de obras ascéticas y teológicas que llevan su firma.
Sus predicaciones tenían tres temas constantes: el amor a Dios, la Pasión, la meditación sobre la muerte y el misterio de ultratumba. Expresó su devoción a la Virgen en un libro afortunado: Las glorias de María.
En 1871 fue declarado doctor de la Iglesia y propuesto como patrono de los confesores y de los teólogos de moral. San Alfonso murió en Nocera de Pagani el 1° de agosto de 1787 y fue canonizado en 1832.
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