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17 de junio
Santos Miguel, Sabel e Ismael
Miguel, Sabel e Ismael eran tres hermanos, hijos de padre pagano y de madre cristiana, esta última se había preocupado por criarlos en la religión cristiana. Pertenecían a una familia muy ilustre dentro del imperio persa, y tanto sus padres como sus parientes cercanos ocupaban altos cargos.
Durante la juventud de los tres hermanos, el emperador Juliano, el apóstata, había estado en guerra con los persas. Cuando por fin se firmó una tregua, el gran rey de los persas decidió enviar a Miguel, Sabel e Ismael como embajadores de paz a Constantinopla; ya que los jóvenes prometían mucho y era ésta la forma de probar sus habilidades.
Juliano y su corte recibieron con agrado a los emisarios, y de inmediato empezaron las conversaciones de paz. Iba todo tan bien que, cuando el emperador tuvo que hacer una visita a la provincia de Bitinia, les pidió a los embajadores que le acompañaran. Éstos, por supuesto, aceptaron.
Cuando llegaron a su destino, había preparada una gran fiesta en honor de Juliano, quien ordenó a su pueblo que ofreciese sacrificios en el templo de trigón. Los tres hermanos se mantuvieron al margen, y acordaron entre sí que por ningún motivo rendirían culto a aquellos ídolos demoníacos, aunque les costara la vida. Un camarero oyó la conversación y corrió a referírsela a juliano. Éste se sintió gravemente ofendido; fue a ver a los embajadores y les preguntó si el gran rey les había enviado para que insultasen a los dioses del imperio.
Los tres respondieron que ellos eran cristianos y que, aunque no pretendían insultar a nadie, se negaban a rendir culto a dioses falsos. El emperador se irritó sobremanera y olvidándose de los tratados de paz y de las inmunidades diplomáticas, ordenó encarcelar y torturar a los embajadores hasta que renunciasen a su fe.
Miguel, Sabel e Ismael se mantuvieron firmes y alegres pese a los tormentos que estaban sufriendo. Al final fueron decapitados y sus cuerpos, quemados. De este modo las negociaciones con los persas fracasaron a causa del capricho de Juliano, el apóstata.
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