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16 de junio
San Francisco de Regis
Nos encontramos ante un hombre totalmente de Dios y entregado al amor de sus hermanos para llevarlos a Cristo. Un elocuente predicador, un maravilloso maestro y un celoso misionero capaz de derramar su sangre si llegare la ocasión.
Nació en Fontcouverte, en Languedoc, (Francia) el 31 de enero de 1587. Sus padres muy fervorosos cristianos y en muy buena posición económica, lo educaron en la sobriedad y en los más sanos principios cristianos. De niño sólo llamaba la atención por sus modales dulces, atentos, serviciales y era muy entregado a cuanto se refiere a la iglesia.
Nunca se cansaba de estar en ella ni de los rezos familiares por más que se prolongasen. El día de la Inmaculada de 1616, ingresa en la Compañía de Jesús como novicio y se entrega de lleno a formarse en los votos religiosos.
El día de la Santísima Trinidad de 1630, tiene el gozo de recibir el don del sacramento sacerdotal. Recorre una gran cantidad de pueblos y ciudades. El señor le bendice y regala el don de hacer milagros. Supo descubrir el enorme valor del dolor y del sufrimiento, abrazándose a él y a cuantos sufrían.
Les curaba de sus pestilentes enfermedades. Solía decir: "Sufrir por Jesucristo es el único consuelo que encuentro en este mundo. Señor, dame fuerzas para poder sufrir más y más por tu amor". Alguien dijo de él: "que no tenía más que a Dios dentro de su alma, a Dios en la boca y a Dios delante de sus ojos". Poseía una gracia enorme para convertir las almas, aun las más alejadas. Agotado de sus apostolados, murió el 26 de diciembre de 1640.
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