 |
|
|
 |
10 de junio
San Juan Dominici, cardenal
Paula y Domingo se llamaban sus buenos padres; eran cristianos excelentes, piadosos, pobres y muy conocidos por su honradez. Juan pidió ser admitido en el convento en Santa María Nova y lo rechazaron. La última razón del rechazo a aquella solicitud fue que los frailes aquellos consideraron al sujeto lo menos propio para un convento de dominicos; Juan no había acudido cuando niño a las escuelas por arrimar el hombro en la casa de los padres: era ignorante y, además, tartamudo. Lo intentó una segunda vez y la insistencia hizo que los frailes pasaran por alto las dificultades y probaran sacar algo del joven de aspecto rudo y torpeza en el decir.
Tanto empeño y tanta vocación hicieron de Juan todo un fraile en el convento. Su noviciado fue un encuentro de la gracia de Dios. Goza de un talante natural simpático, agradable y servicial. Se dio a conocer, por la austeridad de su vida y el espíritu de penitencia. Además es artista; dedica tiempo a pintar en los libros, miniaturizando con dibujos exquisitos, escenas de la vida de Jesús.
Corona su esfuerzo con la ordenación sacerdotal. Ya puede dar marcha a su celo por el sacrificio y por el ministerio de la predicación; pero, desgraciadamente, dada su dificultad en la expresión, los sermones le salen torpes y ridículos. Se siente curado de la torpeza en la dicción, cuando lleno de tristeza, pide a la Santa Catalina por amor a Dios, la curación.
Le obsesiona la idea de renovar los conventos. Y eso le llevó a la entrega más incondicional para el bien general. No supo ni quiso permanecer al margen de los gravísimos problemas que tenía en su tiempo el universo mundo católico, interviniendo muy directamente en su solución trabajando con todas sus fuerzas. Había mucha confusión y desorden con desorientación, apostasías y relajos. Era una pena. Él se puso a rezar, hacer y a hablar con unos y con otros, hacer gestiones y a conseguir compromisos entre obispos y cardenales, inicia gestiones al más alto nivel.
Tres renuncias de Papas y antipapas obtuvo para poder elegir al nuevo Sumo Pontífice, Martín V, quien devolvió a la Iglesia la unidad y la paz. Resultó un trabajo intensísimo y bien hecho. Si en otro tiempo aceptó la ordenación episcopal y el cardenalato contra su voluntad fue para estar capacitado a entrar en el círculo de la cúpula jerárquica y trabajar por la unidad. No se limitó a contemplar o a quejarse de los males; es lo propio de los santos. Aún tuvo tiempo para ser legado apostólico en las tierras de Hungría y bohemia. Murió humilde y santamente el 10 de junio de 1420.
« REGRESAR
|
 |
 |
|
|
|
 |
|
 |
|