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2 de junio

Santos Marcelino y Pedro

Muchísimas veces en la historia se ha confirmado el dicho: “el hombre propone y Dios dispone”, es decir, que a menudo Ddios “dispone” lo contrario de lo que el hombre se ha “propuesto”. Fue lo que sucedió con los santos Marcelino y Pedro.

San Dámaso, casi adivinando su misión de transmitir la memoria de innumerables mártires, como el mismo dice, escribió a un niño la narración del verdugo de los santos Marcelino y Pedro. El “precursor” refirió que él había dispuesto la decapitación de los dos en un bosque apartado para que no quedara de ellos ni el recuerdo: incluso los dos tuvieron que limpiar el lugar que se iba a manchar con su sangre.

Los últimos tres versos, de los nueve que componen el poema 23 del Papa Dámaso, informan que los “santísimos miembros” de los mártires permanecieron ocultos durante algún tiempo en una “cándida gruta”, hasta cuando la piadosa matrona Lucila, llevada por la devoción, les dio digna sepultura.

Constantino edificó ahí una basílica, cerca de donde reposaban los restos de su madre Santa Helena, antes de que el emperador los hiciera llevar a Constantinopla. Más tarde fue violada por los godos, y entonces el Papa Virgilio la hizo restaurar e introdujo los nombres de los santos Marcelino y Pedro en el canon romano de la misa, garantizando así el recuerdo y la devoción por parte de los fieles.

Las crónicas antiguas narran que ante los restos de los santos Marcelino y Pedro, se obraron numerosos milagros. Y que las gentes repetían: "Marcelino y Pedro poderosos protectores, escuchad nuestros clamores".



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