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San Juan Nepomuceno
16 de mayo
San Juan nació en Nepomuc, un pueblecito de Bohemia, y sus padres lo enviaron muy niño a estudiar fuera de casa. Ya de joven estuvo en la Universidad de Praga, donde se distinguió en filosofía, teología y ley canónica.
Su máxima ambición era el sacerdocio, siendo ordenado después de doctorarse en la facultad. El obispo que lo ordenó lo encomendó que dedicase sus muchos talentos a la predicación, y así lo hizo nuestro santo.
Tenía tal facilidad de palabra que el pueblo entero se congregaba para escucharlo, sabios e ignorantes por igual, y muchos pecadores se arrepentían sólo con oírlo.
Cuando Wenceslao subió al trono imperial alemán teniendo sólo diecisiete años, llamó a Juan para que predicara la Cuaresma en la corte. La emperatriz, que era muy virtuosa, lo escogió como su director espiritual y, gracias a su guía, superó el temor de desentonar por su piedad en un palacio repleto de nobles opulentos.
Wenceslao comenzó a preocuparse por las extremas devociones de su esposa, temiendo que ella hubiera cometido algún grave pecado y por ello se le hubiera impuesto una dura penitencia. Preguntó por tanto a San Juan que le había revelado la emperatriz en sus confesiones. Nuestro santo se negó a romper el secreto, y el emperador ordenó que el sacerdote fuera torturado en el potro y arrojado a una mazmorra.
La emperatriz se enteró de todo y rezó con fervor por la liberación de su director; quizá también rogara ante su marido jurando su inocencia. Finalmente fue escuchada y Juan puesto en libertad. Sin embargo la siguiente ocasión en que Wenceslao vio a nuestro santo volvió a indignarse contra él; dispuso que fuera asesinado secretamente ahogándolo en el río. Así ocurrió, y se cuenta que cuando por fin expiró una luz celestial apareció entre las aguas justo encima de su cuerpo.
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