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Chichiriviche de la Costa
El típico pueblo de la costa con sus calles de tierra, casitas humildes, abastos y licorerías. En este caso el pueblo está hacia la parte de arriba, más bien en dirección al río y si lo quieren conocer deben ir expresamente. Así aprovechan, preguntan por las aguas termales y las gozan calienticas y silvestres. Sus pobladores se han fajado para mantener el pueblo limpio y libre de malandros. Son gentiles y quieren que la visita salga contenta.
Yo les puedo contar que aquí transcurrió toda mi infancia y adolescencia, pues teníamos una casa que se llevó el río en una crecida pavorosa, cuando ya no era nuestra. Ese desastre fue producto de una inconciencia ecológica, pues tanto talaron y llenaron de troncos el cauce, que las aguas se desbocaron furibundas.
La playa es amplia, con mucha arena para descansar, tomar el sol y bien profunda, lo cual la ha hecho famosa entre los buzos. En la punta hay hasta 70 metros y muy cerca son ya legendarios Punta de Mono, Media Legua, Punta del Negro, San Miguel, Puerto Cruz, Puerto Maya, Petaquire, Bajo Cañaveral y Bajo de Chuao. Hay fondos rocosos coralinos o arenosos coralinos, paredes de coral y abunda la fauna marina así que los buzos se codean de tu a tu con isabelitas, cachamas, toritos, corocoros, cirujanos, peces trompeta, corrotuchas, sargentos y medregales.
En la bahía de Chichiriviche los buzos colocaron un Cristo a 22 metros de profundidad, para que no quede duda: quien lo visite, fue porque se hundió hasta los 22 metros. Confieso que lo hice y observé con estupor mi medidor. Lo más que había bajado, para ese momento, eran 10 metros.
A la orilla de la playa abundan las casas de los temporadistas, tarantines para comer y algunas posadas. La más reciente es La Perla, inmediatamente después del Hotel Montero, con 6 habitaciones con baño privado y ventilador a Bs. 6.000 por persona, restaurant y atendida por su dueño Américo Gómez.
En el Club Chichimar se arman las mejores rumbas los fines de semana, atendidas por Masanta, Efrain, Nicolás, Candelario y el Musiú. No hay comida. Sólo cerveza y tambores. También existe el grupo “Los tambores de San Juan,” con músicos y bailarinas entre los 14 y los 19 años. Ellos van a donde los llamen y ofrecen una mezcla de ritmos interesante, han retomado el sentido del tambor, tienen sus uniformes y los pueden contratar si llaman a Abdel Ulloa al +58 (414) 371-0107 y +58 (212) 351-5323.
El patrono del pueblo es San Miguel y las fiestas se celebran con misa, banda de la Escuela Naval, tambores, miniteca y procesion desde el 26 hasta el 31 de septiembre. Un buen dato es el señor Chon, abuelo de hojilla y amigo de Luis, Daniel y Bachaco, todos cocineros, salvavidas y guías. Además Chon alquila habitaciones y casitas. Pregunten por él en el pueblo.
A la hora de regresar al hogar, les cuento que si toman la vía del pueblo y siguen por esa carretera, van a salir a la Colonia Tovar por El Limón. Es lejos y el camino fregado, pero varían el paisaje.
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Autora de los textos: Valentina Quintero.
Si quieres saber más sobre este u otros destinos, busca y compra la Guía de Valentina Quintero.
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