VENEZUELA VIRTUAL | Guía de Valentina Quintero | La ruta de la semana | Parque Nacional El Ávila

Sobre el Distrito Federal

Eso de decir Distrito Federal ya suena extraño, porque Caracas es Caracas y todos los venezolanos sabemos de qué se trata. Para quienes vivimos aquí resulta extraño presentarla como un destino turístico. Sin embargo les voy a dar mi versión de mi ciudad, donde he vivido toda la vida y que no cambio.

A Caracas hay que buscarle la vuelta. Las mañanas y las tardes de noviembre, diciembre, enero y febrero son luminosas, el cielo se esmera en sus azules y El Ávila refresca sus verdes. Son los meses para buscarle ángulos a su geografía y su arquitectura y gozarlos tal y como si fueran un museo al aire libre. Se nos olvidan sus parques, pero en Caracas es renovador caminar por el Parque del Este y media ciudad lo hace. Entrar al Parque Los Chorros para estar frescos. Subir a El Ávila para ver la capital a lo lejos. Los museos se lucen con sus exposiciones y la gente se luce en ellos los fines de semana, pero si de verdad quieren ver lo que se expone con juicio, vayan en día de semana y las salas serán para ustedes.

Como vivimos en el trópico yo creo en el aire libre. En Las Mercedes, Los Palos Grandes, Altamira, La Castellana y El Hatillo abundan los cafés con el sol afuera, sitio perfecto de chismes y encuentros. Los Centros Comerciales son el delirio de la gente. Cualquier día estarán repletos. El Sambil es la locura, el Recreo un poco más humano, el San Ignacio es estelar porque el sol y el viento entran sin pichirrez, el sur- este igualito se llenó de esta fiebre consumista bajo techo y lo mismo hizo el oeste.

El centro de la ciudad es de los conocedores. La Candelaria de quienes adoran sus tascas para almorzar hasta tarde o amanecer conspirando. El Metro lleva a todas partes y con sus altos y bajos, sigue siendo un aliado de locales y visitantes. El tráfico es una demencia pero siempre hay estrategias.

Es la capital. Aquí ocurre todo y lo que ocurre se siente más. Desde que recorro Venezuela y me lleno de dicha con su geografía y su gente, entiendo que los caraqueños sufrimos más. Rumores, pleitos y noticias se nos incrustan en la frente y no hay manera de esquivarlos. En el interior se los lleva la brisa, el sol los achicharra, el frío los congela o las lluvias los desaparecen. En Caracas se vive con mayor angustia, pero El Ávila es nuestro té de toronjil.

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Autora de los textos: Valentina Quintero.

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