VENEZUELA VIRTUAL | Guía de Valentina Quintero | La ruta de la semana | El viaje a Roraima
Día 4

Desayunamos, recogemos y empezamos el ascenso como a las 8:30 a.m. Después de cinco días viendo ese muro sólido, esa primera formación del planeta, ahora la puedo tocar, observarla derechito de abajo hacia arriba justo en la mitad del ascenso cuando llegamos al salto. Siempre la vi en horizontal y ahora es vertical. Estirando el cuello todo lo que da no veo el final. Pienso que si el Roraima no quisiera compartir su cima, jamás se hubiera formado esa rampa por donde ascendemos. La pared sería imposible, ni siquiera con clavos y moscardones. Es aquí cuando creo en los dioses, los fantasmas y los espíritus de Makunaima. Supongo que permanecerán navegando por aquí todas sus vidas.

A las tres de la tarde legamos a la cumbre. El corazón me da brincos. Demasiado tiempo añorando este instante, los tepuis actúan de alguna manera excepcional en los seres humanos. Doy gracias al universo por permitirme este momento. Son segundos gloriosos. Se quedan en la piel por la eternidad. Merecen prolongarse y quedarse en los poros por tantos siglos como tiene el Roraima. Ojalá que no cometamos ninguna imprudencia para que el Roraima nos proteja. Podemos ver toda la sabana abajo. Caminamos 36 kilómetros. Yo hubiera jurado que eran 468. Tenemos a un lado el Kukenam. El sol le pega en un extremo y nos regala ese brillo. Cruzamos un bosque miniatura. Las piedras negras.

Llegamos al campamento. Los hoteles bajo las piedras están ocupados y hemos montado carpas en la intemperie. El viento pega furioso. Juro que saldremos volando con todo y carpas, pero no sucede. Dormí regio.

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Autora de los textos: Valentina Quintero.

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