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La Gran Sabana

Sector Oriental
A partir de la Piedra de la Virgen, en la carretera El Dorado-Santa Elena de Uairen, comienza el Parque y el ascenso a la Sierra de Lema. El tramo comprendido entre la Piedra y el Monumento al Soldado Pionero es denominado La Escalera. En este tramo se encuentra el Salto El Danto. Siguiendo esta vía, se cruza el Río Aponwao. Unos kilómetros después, se encuentra el Fuerte Luepa, también denominado La Ciudadela.

A 4 km. de Luepa, está el cruce con la carretera de tierra de Kavanayén, el cual pasa cerca de la pista de aterrizaje de Luepa. Luego se llega al desvío hacia Torón-Merú, al cual sólo tienen acceso los vehículos de doble tracción. Antes de llegar al salto, se pasa por una pequeña quebrada denominada Toroncito y, finalmente, se llega hasta el salto Torón-Merú.

Continuando por la carretera hacia Kavanayén, se cruza el Río Parupa y se consigue el desvío hacia Iboriwo, pequeño caserío donde se contratan las curiaras para llegar hasta el Salto Aponwao o Chinak-Merú, de 105 metros de altura. Posteriormente, se pasa por el refugio turístico Chivaton y, finalmente, se llega a Kavanayén.

En el Río Kamoiran se encuentran los rápidos de ese mismo nombre. Por ese tramo de carretera se llega al Kamá-Merú, conocido como Quebrada de Pacheco, la cual ofrece varias caídas de agua de mediana altura y una gran laja que forma un tobogán natural.

Al pasar el Río Yuruaní, la primera población que se encuentra es San Francisco de Yuruaní. Cerca de allí, está la Quebrada de Jaspe (Kakoparú). Es una hermosa quebrada que corre en un lecho jaspeado de distintas tonalidades rojizas, que producen un gran impacto visual. Finalmente, se llega a Santa Elena de Uairen, la mayor población de la Gran Sabana.

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Sector Occidental

Laguna de Canaima
Esta laguna es un enorme remanso formado por las aguas turbulentas del río Carrao al pie de las cataratas, antes de reiniciar su carrera hacia el Caroní. Lo primero que llama la atención al navegar sobre esta corriente es la espuma que ribetea la superficie de la laguna y el color peculiar de sus aguas, negro en las zonas más profundas y rojizo-amarillento en las riberas. Esta singular coloración se debe a la concentración de ácidos fúlvico y húmico, productos de la descomposición vegetal en las cabeceras de los ríos; y la espuma que se forma en las caídas de agua se debe a la saponina, otra sustancia derivada de la descomposición del material vegetal.

La curiara enfila hacia los saltos Ucaima, Golondrina y Hacha, cuyos torbellinos de espuma y brumas de agua pulverizada, son visibles desde la orilla. Al acercarse la embarcación al lugar donde rompe la densa cortina líquida, sobrecoge la sensación de su energía furiosa e inagotable.

Campamento Kavac
Existen muchos sitios desde donde se puede partir hacia el campamento Kavac: se puede salir desde el aeropuerto de la laguna Canaima, así como desde Puerto la Cruz, Ciudad Bolívar, Maiquetía y la isla de Margarita. Durante el vuelo y casi llegando a Kavac, el imponete Auyán-tepuy hace su imponente aparición con su extraña arquitectura natural. Durante la época lluviosa, las mesetas de este gran faro del cielo desprenden por sus ranuras incontables cascadas de agua. Un extraño sistema de drenaje creado por la misma naturaleza.

Varios minutos de vuelo después, se puede apreciar el Valle de Kamarata, mientras que en el horizonte se perfilan los cerros llamados testigos, que escoltan el Aparamán-Tepuy. Las paredes orientales del Auyán-tepuy no son completamente verticales; en realidad, su base consiste en sucesivas terrazas con una pendiente más o menos pronunciada. Este piedemonte se ha formado por la acumulación de sedimentos llamados aluviones: fragmentos de roca de todos los tamaños, desprendidos de las paredes de la montaña.

La población de Kavac es un conjunto de cabañas indígenas, asentados al pie de una de esas terrazas. La caminata hacia las cuevas de Kavac, en el Tepuy, comienza en el campamento, después del aterrizaje. El río Kavac, una corriente de refrescantes aguas color ámbar, se abre paso por la profunda garganta. A medida que la expedición remonta el río, esta se va estrechando cada vez más, hasta que el sendero desaparece por completo. En este punto, la hendidura se ensancha formando un pozo rodeado de altas paredes cubiertas con helechos y musgos y las aguas del río destellan bajo la luz filtrada del sol.

Para adentrarse hasta la cascada de Kavac, hay que cruzar a nado el pozo. Más adelante, el río discurre por un estrecho pasadizo (no más de dos metros) de paredes elevadas. Los muros no tardan en separarse de nuevo para dejar ver el salto, de unos 25 metros de altura. Estar allí es ser testigo de todas las transformaciones que ha sufrido la tierra durante millones de años por la actividad tectónica.

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El Salto Angel
Su nombre indígena es Kerepakupai-merú, que en lengua Pémon significa "salto del lugar más profundo". Es conocido por el nombre de Angel debido a que la persona que descubrió este salto fue Jimmy Angel, buscador de oro que en 1937 logró aterrizar con su avioneta en la cima del Auyan-tepuy. Existen otros exploradores a los cuales se le atribuye su descubrimiento, tal es el caso de Ernesto Sánchez, un oficial retirado de la marina quien ya lo había visitado en 1910 y dejado testimonio del viaje en unos croquis depositados en la Casa Blohm de Ciudad Bolívar. Otro explorador que contribuyó al conocimiento geográfico de la zona fue Félix Cardona Pluig en 1927.

Para poder ver este majestuoso salto de casi 1000 metros de altura, se inicia una excursión en el puerto de Ucaima, para remontar la corriente del carrao, hacer transbordo en la isla de Mayupa y llegar a la Orquídea. Una vez que se ha navegado bastante, se puede comenzar a divisar el Wei-Tepuy, que se asemeja a una inmensa y solitaria silla de montar puesta en medio de una extensa área selvática.

Luego la curiara se interna en el angosto Churún, donde abundan los afloramientos de piedras y los rápidos que plantean problemas de navegación. A partir de ese momento, la emorme fortaleza de piedra, el Auyan-Tepuy, flanquea ambas márgenes del divagante río ambarino. De allí se llega al Cañon del Diablo, una gigantesca garganta que casi divide en dos la meseta del Auyán-Tepuy. En lo alto se divisan caprichosos riscos que forman paisajes inverosímiles, visibles sólo cuando el manto de nubes lo permite.

Ya cerca de la isla Ratoncito, aparece el majestuoso Salto Angel, la caída de agua más alta del mundo.