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La
tradición de dar regalos en Navidad se remonta a épocas
antiquísimas cuando durante el solsticio de invierno y el
cambio de año era obligatorio ofrecer obsequios a los reyes
y dioses e intercambiar objetos con los seres queridos, con el fin
de pedirle a los dioses que continuasen siendo generosos en el futuro,
agradecerles el buen año y compartir con los demás
parte de los elementos materiales obtenidos en ese período.
Hacia
mediados del siglo VIII a.C. en los tiempos de la fundación
de Roma, cuenta una leyenda que Tatio, gobernante de la ciudad junto
a Rómulo, recibió el primer día del año
buenos deseos mediante una serie de ramas, provenientes de un bosque
dedicado a la diosa Strenia. Para conmemorar ese momento tan especial
dicho gobernante promulgó que ese gesto se convirtiera en
una costumbre.
Dos
siglos después, en plena República Romana, los familiares
y amigos se visitaban entre sí el primer día de enero
e intercambiaban presentes que, en un principio consistían
en ramas de árboles y posteriormente fueron sustituidos por
monedas de bronce, lámparas, nueces y figuras secas de miel,
siempre con la finalidad de atraer la prosperidad.
Las
celebraciones más emblemáticas de la sociedad romana
como la Matronalia y las Saturnales integraron la costumbre de regalar
como parte fundamental de las fiestas. Cabe destacar que en éstas
solía transgredirse el orden social establecido, por ejemplo,
en esa época los amos servían a sus esclavos mientras
que éstos hacían bromas contra sus señores.
La
Matronalia se llevaba a cabo el 1° de marzo, fecha en la que
comenzaba el año nuevo atendiendo al calendario romano. Por
su parte, los Saturnales se realizaban desde el 17 hasta el 23 de
diciembre para conmemorar el cambio de año, durante esos
días toda las actividades se detenían para disfrutar
a plenitud de banquetes y juegos de azar, además del ya mencionado
intercambio de obsequios.
Con
el transcurrir de los años, los regalos fueron modificándose
para convertirse en artículos más útiles y
se adaptaron al poder adquisitivo de quien los daba. Así
las ramas de árbol pasaron a ser un complemento de presentes
como vinos, dulces, telas y frutos secos, entre otros. Algunos inclusive
fueron más allá y empezaron a dar monedas de oro y
plata, piedras preciosas y velas. Siempre la finalidad era la de
expresar deseos de prosperidad y abundancia.
La
tradición señalaba que nadie debía presentarse
ante los dioses o sus monarcas sin obsequios que estuviesen a la
altura de su investidura. Ese fue el caso de Calígula, emperador
romano desde el 37 hasta el 41, quien durante los Saturnales se
colocaba en la puerta del palacio para recibir los regalos, que
para entonces eran monedas que le daban sus súbditos en señal
de buen augurio.
En
Gran Bretaña los monarcas le pedían a los nobles,
el clero y a quienes trabajaban en el palacio que les dieran los
mejores presentes que pudieran. Se dice que los regalos solían
ser muy buenos pues la reina Isabel I, quien reinó de 1558
a 1603, abastecía su guardarropa con los obsequios que recibía.
Los
historiadores afirman que esta tradición de dar presentes
a los monarcas y autoridades derivó en la práctica
de pagar impuestos.
Jean
Chevalier y Alain Gheerbrant en su Diccionario de los símbolos
indican que los reyes acostumbraban regalar a sus vasallos en señal
de prosperidad y éstos a su vez hacían lo mismo pero
a modo de imploración.
El
biógrafo Suetonio, en su obra “Vida de los doce Césares”,
indica que el primero en entregar monedas al pueblo de Roma como
regalo fue Julio César. Igualmente, Escipión el Africano
fue un gobernante generoso que repartía cargas de aceite
español. El ejército romano recibía los llamados
donativos, que no eran más que regalos que le hacía
el monarca en fechas específicas.
La
expansión del Imperio Romano conllevó también
a la expansión de la costumbre de intercambiar regalos al
inicio del Año Nuevo. No obstante, Pepe Rodríguez
en su libro Mitos y ritos de la Navidad afirma que fue la Iglesia
Católica quien trasladó esta tradición al día
de Noche Buena.
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Hoy
el acto de regalar constituye parte fundamental de la Navidad y,
al igual que en el pasado, es una forma de estrechar lazos de afecto
y demostrar el cariño que unos sienten por los otros.
Seres
legendarios que obsequian
Cada
país y cultura cuenta con seres mágicos que desinteresadamente
dan regalos a los seres humanos durante la época navideña.
Esta
tradición se inició hace siglos atrás, cuando
se creía que los espíritus del bosque influían
en la obtención de una buena o mala cosecha. En ese entonces
los hombres adoraban a los árboles pues creían que
dentro de ellos habitaban los espíritus, y les dejaban obsequios
en el tronco. Aún no se sabe cuándo dichos espíritus
empezaron a darle presentes a los seres humanos, dejándolos
en un árbol o en un tronco cercano a la casa.
Así,
surgió la creencia en todo el mundo de que existen criaturas
mágicas que viajan por el mundo repartiendo regalos, sobre
todo a los niños. Elfos, gnomos, duendes, genios, San Nicolás
y el niño Jesús son algunos de los que hacen felices
a los pequeños cada Noche Buena trayéndoles aquello
que desean.
En
Suecia quien se encarga de esta tarea es Jultomten, el cual recorre
el país en su trineo tirado por el macho cabrío de
Thor, el rey del trueno. Se dice que se viste de rojo, de un modo
bastante similar a San Nicolás. En Dinamarca unos elfos llamados
Juul Nisse, que colaboran con las labores del hogar cuando lo desean,
dejan los desvanes de las casas atraídos por la leche o los
dulces dejados por los infantes. Como agradecimiento Julemanden,
quien viaja en un trineo lleno de obsequios, le deja algunos de
estos en su hogar.
Los
italianos creen en el niño Jesús, San Nicolás
y en Beffana, una mujer que según cuenta la leyenda renunció
ir a Belén cuando se lo pidieron los Reyes Magos. Se dice
que poco después se arrepintió y desde entonces busca
al niño Dios y va de casa en casa dándole regalos
a aquellos que le parecen buenos chicos. Un personaje parecido existe
en Rusia denominada Babushka (abuela en español) Cuentan
que esta señora hizo que los Reyes Magos se perdieran cuando
iban rumbo a Belén e igualmente les negó asilo a María
y José cuando escapaban de Egipto. Sin embargo, pronto se
arrepintió y para reparar el daño causado se dedica
a viajar por el mundo en Noche Buena buscando al niño Jesús
y dejándole regalos a los niños que se han portado
bien.
En
México, España, Puerto Rico y Filipinas son los Reyes
Magos los que el 6 de enero llevan regalos a los pequeños
de la casa. Los niños polacos reciben presentes de las estrellas,
mientras que a los húngaros se los dan los ángeles
y a los venezolanos el niño Jesús.
| Sabías
que… |
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Fueron los japoneses quienes inventaron el papel con motivos
para envolver los regalos, pues para ellos el dar un obsequio
es un ritual en el que cada detalle debe estar lleno de belleza
y delicadeza. |
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En la Columbia Británica existía un festival de
regalo llamado Potlach, en el cual quien recibía el presente
debía entregar otro cuyo valor fuese el doble. |
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Poetas, filósofos e historiadores como Cornelio Tácito
estuvieron en contra de que se regalasen piedras preciosas y
joyas por ser, a su juicio, de un valor exagerado y de nula
utilidad. |
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El exceso en el valor y cantidad de los regalos que se daban
era tal que a partir del siglo XIV hubo decretos reales que
imponían multas y penas de prisión para limitar
dicha práctica. |
Fuente:
Mitos y ritos de la Navidad de Pepe Rodríguez
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