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Hoy
en día existe un buen número de cadenas de comida
rápida. Restaurantes que venden pizzas, perros calientes,
pollo, comida china, árabe y mexicana son algunos de los
más populares, pero ningún alimento ha invadido la
cocina como la hamburguesa, lográndose colar en los menús
de los lugares más dispares.
Bien sea que se prepare con lechuga, queso, salsa de tomate, mayonesa
y mostaza, o se le agregue tocineta, champiñones, pepinillos
y aros de cebolla constituye uno de los platos preferidos de adultos
y niños.
Aunque en el presente es considerada una comida poco saludable,
a finales del siglo XIX el nutricionista británico J. H.
Salisbury la tomó como un producto que debía ser consumido
unas tres veces al día por la gran cantidad de proteínas
con las que contaba.
Existen
dos teorías que explican su nacimiento. Una indica que este
plato, basado en un trozo de carne picada mezclada con cebolla y
cocinado a la parrilla, que se coloca entre dos rodajas de pan a
modo de sándwich, proviene de Hamburgo, Alemania. Se dice
que fue llamado originalmente el bistec de Hamburgo, pero con el
tiempo su nombre derivó en hamburguesa. La otra historia
señala que Fletcher Davis, un tejano creativo de Henderson
County, es el padre de este popular platillo.
Lo que sí es totalmente aceptado es que fue en 1904 en la
Feria Mundial de San Luis, según lo que reseña un
artículo del New York Tribune de la época, cuando
se le presentó a Norte América este bocadillo.
Los investigadores de la Universidad de la Hamburguesa, propiedad
de McDonald´s, afirman que Davis fue quien se presentó
en dicha feria con su innovadora invención culinaria, acompañada
de papas fritas bañadas en una espesa salsa de tomate.
Incluso, añaden que éste le atribuyó el modo
de preparar las papas a un amigo suyo, que vivía en París,
Texas. Aparentemente, el reportero que cubría el evento entendió
que la receta provenía de París, Francia, y la denominó
papas a la francesa o french fried potatoes, en inglés.
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A partir de 1904, la hamburguesa se convirtió en parte fundamental
de los menús norteamericanos, pero fue veinte años
después, cuando se puso en marcha White Castle, la primera
cadena de este tipo. Walter Anderson de Wichita, Kansas, fue el
primero en vender un producto estandarizado. A éste le siguió
en la década de los '30, la cadena Wimpy Grills chain, pionera
en llevar el invento al otro lado del Altántico.
Posteriormente, se pusieron de moda los 'drive-in', sitios donde
las familias llegaban en sus automóviles y eran atendidas
allí mismo por jóvenes que llevaban generalmente patines.
Por mucho tiempo, ésta constituyó la mejor manera
de comer hamburguesas.
No obstante, a finales de los '50 el público cambió
de gusto, y comenzaron a acudir a restaurantes y cafés.
Este producto se transformó en un verdadero negocio gracias
a un vendedor de máquinas de malteadas llamado Ray Kroc.
Él conoció a dos hermanos de apellido McDonald, que
poseían un modesto pero muy concurrido local en San Bernardino,
California. Su idea inicial consistió en venderles el equipo
de hacer malteadas; pronto se dio cuenta del potencial que tenía
en las manos y los convenció de abrir algunas sucursales.
El primero lo inauguraron en Des Plaines, Illinois, en 1955 y lo
demás es historia.
A partir de entonces, varios empresarios de todo el mundo decidieron
hacerle la competencia a esta organización, mientras que
restaurantes alrededor del globo cuentan desde hace casi 100 años
con la hamburguesa como una aliada fiel en sus menús.
El pan redondo o cuadrado, tostado o sin tostar, natural o con ajonjolí;
la carne cocida a la parrilla o a la plancha; y un sinfín
de ingredientes que varían según los gustos de los
consumidores, son las características que identifican a este
plato estadounidense tan arraigado en la cultura mundial.
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What´s
cooking America
Imagenes
tomadas de:
Bobby
Maisnam
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