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El 23 de enero de 1928, en la ciudad de Caracas, nacía para
hacer historia en el béisbol Alfonso "Chico" Carrasquel.
Es el segundo de diez hijos y su única pasión es el
juego de pelota, amor que heredó de su tío Alejandro
"Patón" Carrasquel, quien fuera el
primer venezolano en jugar en la Gran Carpa.
La calidad de Carrasquel en el infield empezó a hacerse evidente
desde sus once años, cuando el poder de su brazo le permitía
jugar en una liga reservada para jóvenes de 16. A los 15 abandonó
la escuela para trabajar en una fábrica de neumáticos,
donde se le contrató básicamente para jugar en el equipo
de béisbol de la empresa.
En 1946 Carrasquel inició su carrera en el ámbito profesional
con el conjunto Cervecería Caracas. Ese año disparó
el primer cuadrangular de la pelota rentada venezolana y se convirtió
en el novato del año. "Chico" jugaría un total
de 21 temporadas en la liga local, defendiendo los colores de Cervecería
Caracas (ahora Leones del Caracas), Pampero, Oriente, Orientales,
Magallanes y Aragua.
Firmó contrato con los Dodgers de Brooklyn en 1948 y fue asignado
a Montreal, pero el manager Clay Hooper de los Royals no quería
alinearlo porque Carrasquel no sabía hablar Inglés.
Entonces los Dodgers lo reasignaron al Forth Worth de la Liga de Texas,
donde recibió el apodo de "Chico". En el campeonato
tejano, bateó para un promedio de 315 en su primera temporada
y consiguió el segundo mejor promedio de fildeo entre los campocortos
regulares.
A pesar de su excelente actuación en la Liga de Texas, como
los Dodgers no tenían intención de reemplazar Pee Wee
Reese en el campocorto, negociaron a Carrasquel con los Medias Blancas
de Chicago. "Chico" empezó a jugar con los patiblancos
en 1950, para finalizar de tercero en la votación al premio
de novato del año de la Liga Americana, gracias a un promedio
de bateo de 282, con 72 anotadas y 46 impulsadas, en un total de 141
salidas al campo.
Aunque su habilidad en el campo le permitió adaptarse rápidamente
al béisbol de las Grandes Ligas, la barrera del idioma fue
un obstáculo difícil de superar, pero como él
mismo decía: "ni la pelota ni el bate hablan Inglés".
Para suerte de "Chico" los Medias Blancas contaban con un
lanzador de origen cubano llamado Luis Aloma, quien traducía
las instrucciones del manager. Carrasquel también contó
con la paciente ayuda de Luke Appling, a quien sucedió en el
campocorto de Chicago. Appling se convirtió en coach de los
patiblancos y se dispuso a convertir a Carrasquel en un shortstop
de Grandes Ligas.
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En 1954 Carrasquel lideró a todos los campocortos de la Liga
Americana en doble plays, bateó 12 cuadrangulares y anotó
106 carreras. En la siguiente campaña bateó para 256
y fue negociado a los Indios de Cleveland. Carrasquel fue sustituido
en el campocorto de los Medias Blancas por el también venezolano
Luis
Aparicio, quien haría historia al convertirse en
el primer y único pelotero criollo en alcanzar el Salón
de la Fama de Cooperstown.
Carrasquel
cubrió el campocorto de los Indios durante dos temporadas
(1956 y 1957) y en 1958 fue negociado a Kansas City por el infielder
Billy Hunter. Cuatro meses después los Reales lo cambiaron
a Baltimore por Dick Williams. En 1959, después de batear
para un promedio de 223, "Chico" se retiró.
Regresó a Venezuela para convertirse en coach y manager de
los Leones del Caracas, equipo al cual llevó a ganar su único
título en la Serie del Caribe.
Luego de su pasantía por el banco felino, Carrasquel siguió
vinculado al béisbol trabajando como Scout (busca talentos)
en Venezuela para los Reales y los Mets de Nueva York.
"Chico" continúo su carrera beisbolística
tras los micrófonos como comentarista de radio y televisión
en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. En 1990 se
unió al Circuito de transmisiones en español de los
Medias Blancas de Chicago.
Además de ser el primero de una dinastía de campocortos
venezolanos que han hecho historia en las Grandes Ligas, Alfonso
"Chico" Carrasquel es un ejemplo de amor al béisbol.
Desde su infancia y hasta el momento se ha mantenido vinculado a
este deporte de una manera u otra, brindando su experiencia y sus
recuerdos a quienes comparten con él la pasión por
el juego de pelota.
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