TEMAS | Personajes | Pedro Almodóvar
 


Pedro Almodóvar Caballero nace en Calzada de Calatrava, en la provincia de Ciudad Real, España el 24 de septiembre de 1951, mala época para su país- como él mismo afirma- pero buena para el cine. Al cumplir los ocho años, se muda con su familia a Extremadura, donde cursa sus estudios escolares en colegios de padres salesianos y franciscanos, que no hacen sino fortalecer su reticencia a la religión, tal vez porque se presume que fue víctima de un acto de violación por uno de los sacerdotes. Fue en esta época cuando comienza a asistir constantemente a las salas de proyección cinematográfica.

Al cumplir los 16 años, se muda a Madrid, sin dinero y sin su familia, con el único propósito de convertirse en cineasta. Sus intenciones se vieron frenadas en principio, tras el cierre de la escuela a la que asistiría por parte del régimen de Franco, pero luego de algunos trabajos de cualquier índole y de comenzar como asistente administrativo en una compañía telefónica (con un sueldo que le permitió finalmente compra su primera cámara súper 8), colaborar con periódicos y revistas, escribir guiones de cómics y cuentos cortos, formar un grupo de teatro y sobre todo, poder escuchar durante 12 años las historias de miles de mujeres de la clase media madrileña, Pedro Almodóvar se abre paso como realizador.

En conjunto con su grupo de teatro (Los Goliardos) y su grupo de punk-glam-rock paródico, Almodóvar rueda algunos cortometrajes (1972-1979). Pero no fue sino hasta 1980 cuando, apoyado por sus amigos –entre ellos, Carmen Maura- decide hacer su primer largometraje en 16 mm: Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón, de gran reconocimiento tanto en España como en otras latitudes.

Sigue en 1982, Laberinto de Pasiones, cuyo argumento, lleno de historias que combinan amor, drama, sexo y homosexualidad entre dos jóvenes, una rockera erotómana violenta y el hijo de un emperador árabe, darían inicio a la temática que caracteriza a este realizador: el amor y sus obstáculos impredecibles.

Un año después, se estrena Entre Tinieblas, donde el tema de la religión se trata de una forma peculiar: el punto de vista carnal, cuya mejor expresión se aprecia en los nombres de las hermanas del convento donde se desarrolla la historia.

1984 es el año de ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, drama de gran fuerza que le valió varios galardones. Dos años más tarde, Almodóvar rompe, según muchos, su temática al estrenar Matador. Establece su pasión por la tauromaquia, ahora reafirmada en su nuevo proyecto Hable con ella (aún en postproducción).

En 1987, vuelve a su temática de relaciones sociales en forma de tragicomedia con La ley del deseo, aclamada en numerosos festivales.
Finalmente, en 1988, le llega su primera nominación al Oscar y al Goya, con Mujeres al borde de un ataque de nervios. Su nombre empieza a gozar de una fama que tal vez no esperaba. Para escaparse de este agobio, comienza a trabajar en ¡Átame! (1990) y luego Tacones lejanos (1991), que les trajeron tanto a él como a su reparto femenino, más nominaciones y premios en festivales de larga trayectoria.

Kika llega con su optimismo en 1993. Definida como una comedia ecléctica, forma un collage en toda su estructura: personajes, argumentos, relaciones y hasta decorados. Le sigue una obra un poco más oscura: La flor de mi secreto (1995), una suerte de crónica de las relaciones rutinarias entre hombres y mujeres.

Su deseo de contar historias se consolida con Carne Trémula (1997) y con su filme Todo sobre mi madre (1998), inspirado en su madre fallecida e interpretado magistralmente por cuatro mujeres, cuyas vidas se entrelazan por un común denominador: el dolor y la necesidad de sentirse amadas. Con este trabajo llega el Premio de Cannes como Mejor Director y el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

El 23 de marzo de 2003, el director manchego gana su segundo Oscar en la categoría mejor guión original por su película Hable con ella, convirtiéndose en el primer español premiado en esta categoría, un honor habitualmente reservado a los cineastas anglosajones.

Almodóvar sigue pues, contando historias, de mujeres a las que redime o sacrifica, de hombres violentos o inconformes, de él o de otros, sin olvidar que el principio y fin de la existencia es el amor, por muy retorcido que parezca.

   
 


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