TEMAS | Personajes | Sebastián Araujo: "Mis amigos me hicieron músico"
         
 

Veinticinco años de carrera musical, se dicen fácil pero no está ni cerca de serlo, sobre todo en un país donde el apoyo al talento local se debe decretar para que sea efectivo, y aún así, los verdaderos talentos, esos que traspasan el límite de la música “popular” o lo que la Industria musical nos vende, se pasean por las calles de Caracas tocando en cuanto local abre sus puertas y en cuanta tarima se aparece en medio, sin necesariamente llevar el peso de la fama encima, o al menos llevando encima una especie de fama ligera.

Sebastián Araujo lleva ese peso ligero de manera especial, tras sus espaldas se encuentra haber formado parte de la banda de rock más legendaria del país: Sentimiento Muerto; haber participado en lo que él mismo llama “La prolongación de Sentimiento Muerto”: Dermis Tatú, y haber grabado con ellos un álbum considerado por la gente entendida en el tema como el mejor que se haya grabado en la historia del rock nacional: “La violó, la mató, la picó” (1995), no conforme con eso, pertenece actualmente a la banda de un músico también legendario del rock hecho acá como Yatu (ex Seguridad Nacional) y es parte de un proyecto de los más interesantes a nivel musical como Bacalao Men.

Eso no le impide retomar “una necesidad que tenía aplazada y que me ha enriquecido en lo que hago” y transitar el camino académico cursando el octavo semestre de Comunicación Social en la UCV, compartir su profesión con la de Productor musical y aún tener tiempo para entregarles vida a sus dos hijas morochas de dos años.

Sebastián y la música

La batería forma parte de su vida desde tiempos que ni él mismo recuerda: “Desde chamito tuve una batería de juguete, ni me acuerdo a que edad, y cuando se me rompió hice mis propias cajas en mi cuarto, una especie de arquitectura y era divertido. La familia decía “mira al chamito como se arma la vaina”, y armaba de verdad unas baterías buenas, con cajas, con unos remaches arrechísimos”. Así que lo que comenzó con un juego se convirtió en una profesión, o cómo él mismo dice “El juego siguió”.

La muerte de su padre vino de la mano con la oportunidad de formar parte de Sentimiento Muerto, “me integro al grupo y eso me dio una especie de estabilidad, e incluso le dio seriedad a algo que con lo que no pensaba que iba a ganarme la vida”.

En veinticinco años ha tenido experiencias en diversos grupos, “antes de SM eran grupos que duraban tres o cuatro meses máximo”, pero luego su currículo se reduce a tres: Sentimiento Muerto desde 1988 hasta su disolución, luego Dermis Tatú desde 1993 hasta 1998 y, luego de un año de pausa, forma parte desde entonces de Bacalao Men, a lo que agrega formar parte de la banda que acompaña a Yatu en sus conciertos. Calcula que habrá llegado a los doscientos conciertos, que a su parecer es poco “comparado con los miles de conciertos que hacen grupos de otras latitudes”.

En países como Venezuela, ser artista es igual a llevar una doble vida, Sebastián considera que ha tenido suerte en ese sentido puesto que su “otra vida” tiene que ver con la música: “yo hago post-producción de audio en un estudio que tengo con un amigo. Allí hacemos trabajos publicitarios o producimos a otra gente, e incluso musicalizamos cine, documentales, que es lo ideal puesto que nacimos para eso. Somos una especie de casa de producción de música”. Allí ha aprendido de música a nivel técnico y comparte esto con sus actividades con las bandas y con los estudios en la UCV “y hace dos años recibí una oferta para trabajar como ancla de un programa en Ávila TV… ha sido un reto y me lo estoy tomando con una escuela”.

El nexo que lo llevó a SM vino por parte del Ex baterista de la banda, José “Pingüino” Echezuría “que tocaba en ‘Cero a la Izquierda’ conmigo en el momento en que Sentimiento necesitaba un baterista nuevo, me llamaron y a las dos semana estaba tocando”. Del tránsito de Sentimiento a Dermis Tatú, recuerda la crisis que fue “bastante larga”. Indica que “a partir del tercer disco (de SM) fue más notorio los pesos que habían dentro del grupo a nivel de las composiciones y de la visión que se tenía del grupo, quedamos del lado de Cayayo que tenía la idea de continuar con el grupo y volver a los inicios del mismo. Habíamos caído en una especie de letargo que nos hacía parecer cada vez un grupo “sonorodven” sin motivación, desgastado y pues, se quiso como cambiar de piel, que fue de allí que surgió el nombre de la banda. Cayayo se tripeó la idea de que éramos un reptil que cambiaba de piel”

- ¿Crees que a Sentimiento Muerto lo mató la disquera?

Sí, es un buen argumento. Yo creo que se dejó matar.

- ¿El mejor disco de SM fue el primero de Dermis Tatú? (En referencia a una frase atribuida a Héctor Castillo).

(Risas) Si lo ves así, si, yo creo… pero yo creo que hubo un disco que a mi me gustó mucho que fue “Infecto de afecto” (1991), lo que pasa es que ese disco no se terminó de concretar por la mismas crisis. Pero allí hubo cosas buenas. Yo creo que entre “Infecto de afecto” y el primer disco de DT está la mejor época del grupo.

La transición entre DT y Bacalao Men fue para Sebastián un “aire fresco” que le permitió experimentar con nuevos ritmos: “Pablo Estacio me invita a tocar en el grupo y me da unos datos buenísimos para empezar a estudiar la batería formalmente pero con ritmos latinos: songo, la clave, la salsa. Me meto de frente con eso y descubro que siempre había querido hacerlo”.

“Bacalo es un experimento, es una visión que tenemos de música pop pero caribeña. Es bastante salvaje, la cuestión sale así sin planear. Creo que hay pulirlo, Bacalao Men no es un producto acabado”.

Como buen músico de rock latino, sus influencias van desde el rock más clásico hasta la salsa más brava, pasando por los ritmos tradicionales de nuestro país: “Yo creo mucho en Los Beatles. Jhon Lennon y George Harrison sobre todo. Hay un disco muy importante de Harrison que se llama “Todas las cosas pasan”, que sale justamente cuando se disuelven Los Beatles, donde este señor saca todos los temas que no pudo mientras formó parte de la banda”. No podía faltar le mención a Nirvana: “El grunge, Nirvana, toda la música de los 90. La música latina, sobre todo el rock argentino, Charly García, Fito Páez cuando era bueno, ahorita lo detesto”.

Nombra la música folclórica que ha sido “un descubrimiento tardío, pero importante” y por supuesto la salsa: “Yo he oído mucha salsa toda mi vida, sobre todo de la Fania: Lavoe, Rivera, Oscar D’ León, Los Van Van”. En su reproductor de MP3 podemos conseguir a Bob Dylan, Simón Díaz, Spoom, Yatu, Spinetta, Un, dos, tres y fuera y “por ahí va la cosa”.

Tiene su opinión particular acerca del “Neo-folclor”, término donde se ha querido categorizar la música de Bacalao Men: “Creo que el término nació primero que a lo que denomina, lo que denomina no existe y a eso no hay muchas vueltas que darle”.


Las tres bandas en las que ha formado filas comparten un nivel de importancia alta dentro de la historia musical de Venezuela, pero entre sí, las bandas guardan grandes diferencias a nivel de género musical. Estos saltos de género no han sido cosa difícil para Sebastián en su carrera: “Ha sido la exigencia del momento, es como cuando cambias de trabajo. Lo principal es que me ha gustado hacerlo”.

Sebastián y el Rock nacional

Ve oportunidades grandes en la música nacional: “Hay una evolución técnica impresionante, un muchachito de quince años toca lo que yo no toco a los treinta y cinco. Lo que hace falta es una conexión con lo que pasa alrededor, que hacía falta en mi época también, que a la hora de hacer música no sintamos que tenemos que influenciarnos de los demás, que nos sintamos lo suficientemente libres como para proponer algo propio. Me preocupa, aunque a veces consigo grupos muy originales, así que siento que eso pasará en cualquier momento, algún grupo va a salir que rompa con todo lo que se ha hecho en rock en Venezuela”.

- ¿Qué diferencia ves entre la música de los 80, los 90 y la que se hace hoy?

Escuché un proverbio árabe que dice que ‘El hombre es más hijo de su tiempo que de sus Padres', y es verdad. En los 80 hubo una buena movida, una generación que rompió patrones. Pero los grupos son parte de la influencia política y social de su entorno, eso pasó en los 80 y tuvo efecto en grupos como Desorden Público a quienes respeto cada vez más, en Sentimiento Muerto. En los 90 todo eso se frivolizó y ocurrió una especie de “pepsicolización” de la música y todo se apagó. En el dos mil no se que va a pasar aún, creo que hay un talento impresionante y de aquí a diez años va a pasar algo importante. Estamos viviendo un momento importante donde eso se puede germinar.

El reggaetón lo aburre: “es pobre a nivel de instrumentación y de calidad, el reggaetón, que me parece igual algo válido, a mi me aburre: una batería que hace lo mismo y un bajo que hace dos cosas y no sale de ahí. Pero por ejemplo está Calle 13 que embelleció el reggaetón y lo convirtió en un elemento artístico”.

Sebastián ¿Estrella de rock?

Sebastián, a pesar de su trayectoria y del contenido de la misma no se cree una estrella de rock: “Debe ser chimbísimo ser una estrella de rock. Las estrellas de rock que conozco las veo y me parecen patéticas, creerse una estrella y vivir de eso es terrible, aburrido. Deben vivir inseguros todo el tiempo. Nunca me he sentido una estrella y no he querido hacerlo. He conseguido gente que me considera famosa y eso no me hace sentir una estrella, sino que me hace sentir que soy importante para alguien” - ¿Y las grouppies? – (Risas) Eso sí es lo mejor de ser una ‘estrella de rock', se facilitan muchas cosas. No tienes que romper el hielo (Risas).

Con el público cree que mantiene una relación “dialéctica”, que ha evolucionado pero que aún es una relación “adolescente”. “Creo que hay que crear un público que abrace la música nacional y cree cosas con esa música. Va en concordancia con lo que te digo de la evolución de la música. La música propia genera público propio y a su vez genera motivación”.

- ¿Sexo, drogas y Rock and Roll?

Ni tanto. Hay que estar mosca con la droga. Yo tengo muchos amigos que se han muerto por esa vaina. Que han perdido la mitad de la vida, que tenían toda la vida por delante para hacer cosas interesantes con la música y la droga los asesinó. Tampoco soy timorato, yo he probado drogas y he tenido experiencia, pero tampoco se puede ser ‘pendejo'. La psicodelia es importante, pero leer y escuchar música también droga.

Sebastián y su lado humano

Uno de esos amigos fue precisamente Carlos Eduardo Troconis, “Cayayo”. Su compañero de grupo en Sentimiento Muerto y luego en Dermis Tatú y del que habla con profunda admiración mostrando como en pocas ocasiones durante la entrevista un brillo y una tristeza en la mirada: “Cayayo era un artista que identificaba cosas que la gente común como yo no veía. El tipo veía cosas que estaban ahí y que la gente dejaba de ver y las hacía brillar… Su muerte fue algo inexplicable, yo nunca había sentido una tristeza así. Yo no entendía, le preguntaba a todo el mundo por qué pasaba eso. Mi Papá murió, pero mi Papá había ‘vivido'. Cuando alguien que tiene todo por dar desaparece es cuando es realmente muerte. Cayayo no era un tipo decadente, alcohólico, a veces le gustaba pasar al lado oscuro de la luna, pero igual estaba ahí. No era un junkie ni nada de eso. Cada vez pasan más cosas así, injustas e inexplicables y eso responde al momento y a la sociedad inclemente que tenemos. Tenemos que hacer la ciudad más habitable, menos conflictiva, menos inclemente, sobre todo para la gente joven. Cayayo fue un caso que tuvo la propagación para que impactara, pero ahorita hay muchos ‘Cayayos' que ni siquiera llegan a ser artistas, que no pueden progresar ni expresarse, que nacen en condiciones donde su personalidad no se puede desarrollar”.

Sebastián valora mucho la amistad, al punto de creer que sus amigos lo han hecho lo que es. “Los amigos son todo. Yo dudo a veces que sea músico, soy músico por mis amigos y tengo amigos músicos. Cayayo y Héctor eran tremendos músicos y yo no los iba a dejar solos e hicimos música, con Pablo (Estacio) igual, es una fuente de talento con el que aprendo y trabajo. También con todos los músicos de Bacalao”.

El otro momento donde el brillo le llega a los ojos es cuando le toca hablar de sus hijas. Unas morochas de las que afirma sin duda que le han cambiado la vida: “Tengo dos niñas de dos años y tres meses, son morochas… es una dimensión increíble, estoy volviendo a nacer. Es como si te empezaras a reconocer en un niño. Te haces preguntas del tipo cómo me habré portado yo la primera vez que vi el mar, la primera vez que vi la montaña, ese tipo de cosas que habías olvidado y te das cuenta que esa es la época más importante en la vida de uno. Es buscar el ‘bille' para mantener a las chamas. Es pensar en el futuro, organizarse más, saber que si te metes en un lío las metes a ellas, uno madura en ese sentido.

- ¿Crees que vas a tener la suerte de Pablo Dagnino de tener unas hijas “Rock Star”?

No se. Yo veo a Lucía y a Emilia como dos artistas de la música llanera (Risas). A mi me haría feliz con que una toque bandola y la otra cuatro y que en navidad cantemos unos aguinaldos.

- Un consejo, a manera de despedida para los músicos jóvenes

La música no es algo que uno se pone como meta, uno está vinculado con la música porque le gusta. Los que queremos hacer música tenemos que hacer sacrificios que muchas veces son mentales. Al final la música te devuelve todo lo que le vas a dar. No nos pongamos una meta imposible. La música es hacer cosas que le agrade al universo, que le guste a la Mamá y a los hijos de uno, y además, a veces da plata y es arrechísimo.

 
 

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