TEMAS | Entretenimiento | Secuestro Express: proyección del cine venezolano
           
   

“Hacer una película no es una cosa mística”

Entrevista a Elizabeth Avellán, productora ejecutiva de Secuestro Express

A simple vista, el joven cineasta venezolano Jonathan Jakubowicz pareciera haber dado el gran salto de su vida: de mostrar modestamente en la salita de la Cinemateca Nacional su documental Los barcos de la esperanza, sobre la llegada de los primeros inmigrantes judíos a Venezuela, ha pasado a exhibir en más de 20 salas del país su ópera prima Secuestro Express, la cual, además, es junto con Las mujeres arriba de Fina Torres, una de las pocas producciones distribuidas por un estudio hollywoodense.

La también venezolana Elizabeth Avellán, esposa de Robert Rodríguez y productora ejecutiva de Secuestro Express explica, en exclusiva para mipunto.com, cómo fue que este muchacho de apellido enrevesado logró la proeza sin caer al vacío: “Conozco a Jonathan desde que tenía 17 años. Él era un fan de mi marido, desde que vio El mariachi y hasta adquirió el libro. Cuando lo conocí, él era crítico de cine para Radio Caracas Televisión, y me entrevistó. Ya por ese entonces se le veía su calidad como trabajador, que es muy importante en el cine ya que hay mucha gente que piensa que para hacer cine sólo basta ser creativo, y no es así. Es poder tener la constancia para terminar un proyecto, y esto cuesta muchísimo tiempo, muchísimo esfuerzo”.

Luego de aquella entrevista, Jakubowicz y Avellán mantuvieron un contacto que rápidamente se transformó en amistad. “Me convertí en una especie de mentora para él, ya que Jonathan siempre me pedía opiniones. Al principio, yo iba muy lento porque en este medio te consigues con mucha gente que te dice: ‘Yo quiero ser cineasta’, ‘Yo quiero ser director’, ‘Yo quiero ser actor’, y la mayoría no llega a serlo. Yo le dejaba que me mostrara su proyecto, y él me decía: ‘Algún día vas a estar orgullosa de mí”, recuerda la productora.

Confiesa Avellán que lloró con Los barcos de la esperanza –“Es un homenaje a Venezuela”, dice–, pero también descubrió los primeros indicios de madurez en el empeño de Jakubowicz por hacer cine. Cuando la productora se disponía a comenzar el rodaje de El mexicano, el joven aspirante venezolano la llamó y le dijo: “Quiero trabajar en esa película”. Y así lo hizo, puesto que fue asistente de set en la primera película de Robert Rodríguez realizada en video de alta definición. “Pero, además, también sirvió de intérprete a actores como Johnny Depp”, agrega. El siguiente paso para el cineasta venezolano fue intentar hacer un Master en la Universidad de Austin, Texas, localidad en la que viven y trabajan Rodríguez y Avellán. Por cierto, ante las intenciones de Jakubowicz, la productora le dijo: “¿Para qué vas a hacer un Master? Haz una película”.

En ello se puso el cineasta, y junto a Sandra Condito, publicista de Miramax y una de las productoras de Secuestro Express, con Salomón Jakubowicz, escribieron el guión de la película.

Comenta Avellán que durante el rodaje de Secuestro Express, Jakubowicz le mandaba los “rushes” (material filmado). Su promesa para con el joven cineasta venezolano es que si al terminar la filmación “tenía una película”, la productora terminaría el proyecto.

—¿Qué fue lo que más le llamó la atención del guión que le mostró Jakubowicz?
—Yo lo leía y me decía: “¿Cómo va a filmar este muchacho una película así en Caracas? Ahora, cuando la veo, descubro en ella a todo un país, a Venezuela. Es una película muy fuerte, pero también muy cómica y de temas universales que pasan en América Latina y en cualquier lado, pero al mismo tiempo toca la humanidad de cada persona.

—¿No es una película netamente comercial?
—Sí, es muy comercial por su comicidad y por la música de Dj Trece y de Vagos y Maleantes, por el dinamismo de sus imágenes, por la acción… Tú vez el trailler de Secuestro Express y te parece una película (norte) americana de acción, pero en la que se plantea un problema de nuestros países. Jonathan es un cineasta muy lírico, a él le gusta mucho el cine de autor y yo creo que terminará haciendo este tipo de películas, pese a que siempre estuvo consciente de que Secuestro Express es una película para vender.

—¿Secuestro Express podría haber sido hecha por un cineasta estadounidense?
—Las películas gringas no reflejan lo que realmente está pasando en América Latina. Para los cineastas de Hollywood es imposible pensar que en México sea secuestrada una niña rubita, común y corriente; según su óptica, tiene más efecto que secuestren a un millonario.

—¿De los tiempos en que Robert Rodríguez vendió su sangre para hacer El mariachi al presente, ¿siente usted que su empresa productora está creando un movimiento de cineastas latinos e independientes en Estados Unidos?
—Yo creo que hemos demostrado que no necesitas un millón de dólares para hacer tu película. Queremos abrirles las puertas no sólo a los cineastas latinoamericanos, sino a cualquier muchacho que realmente quiera trabajar en esto. Cuando Robert escribió el libro Rebel Without a Crew (1995), quería desmitificar la realización cinematográfica. Hacer una película no es una cosa mística. Si trabajas duro y eres lo suficientemente creativo, tienes la mitad del camino andado. Lo que ha hecho Robert –integrante, junto con Quentin Tarantino, del grupo de cineastas consentidos de los hermanos Bob y Harvey Weinstein, ex propietarios de Miramax y ahora de Weinstein Co.– es inspirar y quitarle el miedo a mucha gente de pensar que ellos no podrían hacer una película…


—La película estaba terminada cuando los ejecutivos de Miramax decidieron comprarla para distribuirla, ¿propusieron algún cambio?
—No. La película se presentó en el Festival del American Film Institute y fue allí donde la vieron los ejecutivos de Miramax, quienes ahora se encargan de su distribución mundial, a excepción de Venezuela, territorio del que nos hemos encargado nosotros. Nunca intervinieron en el aspecto artístico.

—¿Es más fácil ahora ingresar al aparato de producción de Hollywood?
—Es más fácil en el sentido que hoy en día ya no te rechazan de entrada por ser de origen latinoamericano. Antes, apenas veían que eras latino te sacaban de la lista de personas con talento.

Crítica de Secuestro express
El monstruo vive entre nosotros
Sabemos de su práctica por las crónicas de sucesos de la prensa. Sabemos de su incidencia en una ciudad tan insegura como Caracas por las estadísticas que al respecto manejan los cuerpos policiales. Pero, ¿qué se oculta detrás de un secuestro express? Con su ópera prima Secuestro Express, el joven cineasta venezolano Jonathan Jakubowicz demuestra que tal actividad delictiva es apenas la punta del iceberg de un estado general de putrefacción social, en el cual la vida está totalmente vaciada de sentido, de valoración.

Más allá de la anécdota que Jakubowicz cuenta en su filme –una pareja joven es secuestrada por tres malandros– y mucho más allá de una propuesta formal dinámica, casi epiléptica, que debe mucho a MTV y a los cineastas formados a partir de la fragmentación de las imágenes y la narración entrecortada, Secuestro Express cambia la perspectiva habitual de las películas que recrean situaciones de rehenes comunes para centrarse, digamos, en la convivencia obligada entre plagiados y plagiadores. Y es precisamente ahí, donde esta obra adquiere dimensiones más profundas a las del simple relato policial.

Sin caer en el maniqueísmo (muy de los nuevos políticos venezolanos) de explicar el hecho que motiva su película a través de las desigualdades sociales que saltan a la vista con cualquier toma aérea de Caracas, Jakubowicz muestra los contrastes de una urbe que en mucho se parece a Sodoma y Gomorra. De hecho, a medida que se va revelando la personalidad de secuestradores y secuestrados –los habitantes de esa ciudad de rehenes– un elemento común se impone tanto en los primeros como en los segundos: la carencia de valores que sigue a una permanente condición de sobrevivientes.

En eso se identifican Carla (personaje que, por cierto, resulta contradictorio por la distendida vida nocturna que lleva, con éxtasis incluido, y su condición de voluntaria en el Hospital de Niños), Martín, Trece, Budú y Niga. Mientras más los conocemos más nos convencemos de que ellos son como cajas chinas en las que valores y antivalores se confunden, se sustituyen, se intercambian de acuerdo a las urgencias que imponga un ambiente absolutamente hostil, un modo de vida angustiosamente inhumano. La animalidad los caracteriza a todos…

Muy por encima de su recargada construcción formal, Secuestro Express está llena de inquietantes guiños: el crucifico que cuelga del cuello de Budú –el más violento de los secuestradores– es tan sólo uno de ellos. A esas inteligentes señales de atención de Jakubowicz sume, por ejemplo, la cruel traición amorosa que Carla sufre cuando su novio Martín prefiere abandonarla para salvar su pellejo o la conversación casi infantil de Trece con su mamá, entre otras pistas que no hacen más que confirmar que Caracas –el gran tema de este filme– se ha transformado en el hogar del monstruo, el monstruo de la miseria, de la droga, del desamor, de la violencia, de la subsistencia… Un monstruo, como se escucha en off en Secuestro Express, con el que hay que batallar o invitar a almorzar.

 
Sinopsis
El film está escrito y dirigido por el cineasta venezolano Jonathan Jakubowicz de sólo 27 años y relata la historia de los secuestros express, una realidad que desde hace años vive el país.

Una pareja de jóvenes, Carla y Martín, son secuestrados en Caracas por tres hombres y experimentan momentos de angustia mientras esperan que sus padres logren cumplir con el monto que los secuestradores piden para el rescate.

La película tuvo excelentes críticas en el Festival Internacional de Cine de Cannes y Miramax compró sus derechos de distribución en meses pasados, por lo que es el primer film venezolano que se exhibe mundialmente

 
 
 

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