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El
mal de Parkinson ocurre cuando diversos centros nerviosos del cerebro
no son capaces de controlar los movimientos musculares, por lo que
quienes lo padecen sufren de rigidez muscular, dificultad para caminar
y continuos temblores en su cuerpo.
Es
una enfermedad que generalmente ataca a las personas mayores de
55 años; sin embargo, actualmente se encuentran registros
atípicos en niños y en adultos de mediana edad, como
es el caso del actor Michael J. Fox, a quien se le diagnosticó
cuando sólo tenía 29 años.
Se
origina cuando las células nerviosas no producen más
dopamina, un componente químico de gran importancia para
el cerebro. De hecho, esta sustancia es la que permite que el cuerpo
controle armónicamente sus movimientos, y su disminución
también causa depresión crónica.
Hasta
ahora, no se conoce la causa por la que estas células se
alteran. Algunas teorías presumen que la enfermedad se produce
por reacciones químicas del cerebro, toxinas del medio ambiente
o tendencias hereditarias.
En
el 2004, Thomas Gasser, un investigador alemán de la Universidad
de Tubinga descubrió una proteína llamada LRRK2 (Leucin
Rich Repeat Kinase 2) que podría ser la causante de la irregularidad
motora del Parkinson, según reseñó la agencia
EFE. “Posiblemente se tienen que presentar varias mutaciones
genéticas para que la enfermedad se declare”, aseguró
Gasser en esa oportunidad para explicar la improbabilidad de que
el Parkinson sea hereditario.
Las
primeras investigaciones
Entre
los siglos XVIII y XIX Europa experimentaba cambios radicales: en
Francia se ejecutaba a Luis XVI y en Inglaterra se apresaban los
conspiradores del rey Jorge III. James Parkinson es uno de los perseguidos,
pero logra salvarse de una muerte segura.
Médico,
geólogo, paleontólogo e interesado además en
la política, en 1817 se atreve a describir una nueva enfermedad
a la que denomina “parálisis agigante” y en esa
época asegura que es una “movilidad involuntaria temblorosa,
con disminución de la fuerza muscular, en partes del cuerpo
que están en reposo. Hay tendencia a inclinar el tronco adelante
y a que el paseo se convierta de pronto en carrera. No se afectan
los sentidos o la inteligencia”.
Estas
son las primeras conjeturas alrededor de un mal que ataca a miles
de personas en el mundo y sobre el cual aún no existe cura.
El mérito de la investigación de James Parkinson estuvo
en su capacidad para unir síntomas que, hasta ese momento,
se estudiaban de manera aislada.
En
1880 Jean-Martín Charcot involucra un nuevo síntoma
asociado con la enfermedad: la rigidez muscular y rebautiza la “parálisis
agigante” con el nombre de Parkinson, como hoy se conoce.
Para
la década de los cincuenta, después de diversos estudios,
se revela que la principal causa del Parkinson es una degeneración
progresiva en la “sustancia nigra”, un componente de
color oscuro por su alto contenido en hierro que produce la dopamina.
Quienes padecían el mal poseían una cantidad reducida
de dopamina y, a partir de estas investigaciones, se inicia la elaboración
de fármacos para aumentarla en los pacientes.
Una
esperanza…
Los
diagnósticos para saber si se padece la enfermedad son complejos,
puesto que aún existen muchos cabos sin atar entorno al mal
de Parkinson. El médico probablemente examina la historia
clínica del paciente y detecta si posee características
propias, como la lentitud en los movimientos.
Muchos
de los medicamentos para controlar la enfermedad son eficaces, pero
los efectos secundarios podrían empeorar la situación.
Normalmente se utiliza el levodopa, fármaco que obliga al
cerebro a producir dopamina. Sin embargo, los efectos colaterales
pueden ser: movimientos anormales de la cara, el tronco, los brazos
y las piernas; pérdida de la memoria a corto plazo; náuseas
y vómito.
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En
algunos casos, se aplica una intervención quirúrgica
en la que se implantan una serie de electrodos en los principales
núcleos cerebrales que pueden activarse desde el exterior
del cuerpo, y disminuir considerablemente los síntomas de
la enfermedad. Se conoce como “estimulación cerebral
profunda”.
También
es recomendable que el paciente siga una dieta balanceada, debido
a que el Parkinson altera los niveles de nutrición de quien
lo padece.
Hoy
en día, aún la enfermedad no tiene cura. Sin embargo,
Rafael González Maldonado escribe en A Guide for Patient
and Family que el Parkinson es el “primer trastorno degenerativo
del sistema nervioso en el que se consigue un tratamiento sintomático
eficaz”.
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| Los
primeros síntomas que presentan quienes lo padecen
son esporádicos y casi imperceptibles, como el cansancio,
irritabilidad, pérdida de la conciencia por pocos segundos
o una sensación de temblor pasajera. Pero estas reacciones
aumentan rápidamente.
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Según
The Nacional Institute of Neurological Disorders and Stroke,
algunos de los síntomas
más
frecuentes son:
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Temblores:
Es la característica más vinculada a la enfermedad.
Los temblores aumentan cuando la persona se encuentra en reposo
y disminuyen al realizar cualquier movimiento voluntario. Se
inicia usualmente en las manos, pero puede afectar la mandíbula
y los pies. Durante el sueño, desaparece por completo. |
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Rigidez:
Quienes sufren de Parkinson manifiestan
una tensión continua en los músculos y puede resultar
doloroso. Debido a la rigidez, los movimientos del paciente
son lentos. |
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Bradicinesia:
Es la disminución de los movimientos
voluntarios de la persona, lo que produce también lentitud.
Es difícil diagnosticar este síntoma y resulta
frustrante para quien lo padece porque no puede realizar con
rapidez los movimientos que antes solía. |
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Inestabilidad de la postura:
Al no controlar una postura fija, la persona tiende a inclinar
su cuerpo hacia adelante o hacia atrás para evitar caerse.
Los hombros se observan caídos por el esfuerzo de mantenerse
en pie. |
Existen
otros síntomas ligados al Parkinson, su frecuencia
es variable según el paciente y pueden disminuirse
con un tratamiento adecuado: |
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Depresión: No
necesariamente debe presentarse de manera preocupante y en ocasiones
es consecuencia de medicamentos propios para atacar la enfermedad. |
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Dificultad para tragar y masticar:
Debido a que los temblores pueden atacar los movimientos de
la mandíbula, éstos pueden afectar la capacidad
para masticar y tragar los alimentos. También debido
al aumento de la producción de saliva, se entorpece el
proceso de ingestión en el paciente. |
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Problemas cutáneos:
Es frecuente que la piel se torne aceitosa, especialmente en
la frente y las zonas laterales a la nariz. En otros casos,
la piel puede resecarse más de lo normal. Esto es consecuencia
de la alteración que produce el Parkinson en el buen
funcionamiento del sistema nervioso. |
Enlaces:
Nacional
Parkinson Foundation
The
Michael J. Fox. Foundation for Parkinson’s research
National
Institute of Neurological disorders and stroke
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