| |
|
Una
lata de refresco contiene 330 mililitros. Si una persona toma un
promedio de dos diarias corresponde a casi tres litros semanales,
que equivalen a un aproximado de 240000 litros anuales. Si el aspartame
causa las numerosas dolencias que algunos denuncian, entonces podría
estar en peligro la salud de millones de personas alrededor del
mundo, que consumen productos cuyos ingredientes contienen este
sustituto del azúcar.
El aspartame
salió a la luz pública en 1965 gracias a James Schlatter,
un investigador de G.D. Searle & Company, pero irónicamente
fue hace pocos años que surgieron opiniones encontradas entorno
al tema.
Schlatter descubrió
el aspartame por casualidad, ya que en esa época trabajaba
en una investigación con aminoácidos para desarrollar
un nuevo tratamiento contra las úlceras. No imaginó
que sería el primero en probar una sustancia 200 veces más
dulce que el propio azúcar y que sería utilizado en
numerosos productos bajos en calorías.
Asimismo, se
transformó en un ingrediente muy valorado por las personas
que padecen diabetes porque permitió que consumieran alimentos
y bebidas dulces sin ningún riesgo, al menos así se
creyó durante más de tres décadas. Sorprendentemente,
se necesita sólo una pequeña cantidad de aspartame
para obtener la suficiente dulzura de cualquier alimento.
Nada
de azúcar
El aspartame
es el resultado de dos aminoácidos o componentes ricos en
proteínas, que son el ácido aspártico y la
fenilalanina. Estos bloques productores se obtienen en todos los
alimentos que producen proteínas como los granos y las carnes,
por lo que el cuerpo humano lo asimila de la misma manera que lo
hace con los alimentos proteicos.
Hasta ahora
parecía irle bien al aspartame. Se sometió a numerosas
pruebas para comprobar su eficacia, y se aplicaron procesos de farmacología
y toxicología utilizando el producto en animales para descartar
cualquier riesgo. También se realizaron estudios con seres
humanos normales, adultos y niños, así como en personas
diabéticas, obesas y mujeres en proceso de lactancia.
En 1981 la Administración
de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) aprobó
el aspartame para utilizarse como edulcorante de mesa en alimentos
y bebidas y, de hecho, era el primero en ser concedido por la FDA
en más de 25 años. Para 1983 se permitió su
uso en bebidas carbonatadas, gelatinas y gomas de mascar y, a partir
de 1996, se autorizó en cualquier bebida o alimento.
La
culpa es del aspartame
Existen medicamentos
que curan algunas dolencias, pero ¿es posible que una sustancia
sea la culpable de todas las enfermedades? A finales de la década
de los 90, un mensaje enviado por correo electrónico hizo
temblar hasta al más escéptico: "Si están
usando aspartame y tienen síntomas de fibromialgia, espasmos,
dolores agudos, adormecimiento en las piernas, calambres, vértigo,
mareos, dolores de cabeza, ‘tinnitus’, dolores en las
coyunturas, depresión, ataques de ansiedad, problemas al
hablar, visión borrosa o pérdida de memoria, probablemente
pueden tener la enfermedad del aspartame”.
Nancy
Markle es la autora de este mensaje, a quien por cierto no se le
ha comprobado ninguna profesión, y a partir de entonces comenzaron
las dudas alrededor del aspartame. Markle asegura en esta carta
que la sustancia “cambia la química del cerebro. Esta
es la razón de los ataques severos. Esta droga altera el
nivel de dopamina del cerebro” y hace fuertes aseveraciones
acerca de las consecuencias de utilizar el edulcorante en alimentos
y bebidas.
|
|
Recientemente,
La fundación italiana Ramazzini realizó una investigación
con ratones de laboratorio y sostiene que el aspartame podría
aumentar el riesgo de padecer cáncer. Sin embargo, el comité
de evaluación de la FDA expresa que los resultados exponen
“conclusiones histopatológicas cuestionables y la utilización
de una nomenclatura inusual para describir los tumores”; además,
la cantidad de sustancia administrada a estos animales equivale
a 2000 latas de refrescos diarios, lo que resulta desproporcionado
y subjetivo.
Aún
no existen estudios certeros suficientes para comprobar que el aspartame
es causante de diversas enfermedades y, por tanto, no existe ningún
decreto legal para prohibir su consumo. No obstante, la ola de rumores
sobre la sustancia ha despertado el interés de la opinión
pública y hasta que no se establezcan conclusiones científicas
fidedignas y comprobables, el aspartame dará de qué
hablar.
| David
Hattan es el director interino de la División de Evaluación
de Efectos sobre la Salud, en el United States Food & Drug
Administration (USFDA) y desde 1978 ha participado en numerosos
estudios realizados a la sustancia antes de su aprobación.
Hattan difiere en diversas afirmaciones que Nancy Maklein confiere
al aspartame. |
 |
| En
contra
|
A
favor |
| •
Según Maklein, El metanol que se
produce por la reacción de los aminoácidos que
forman el aspartame puede ocasionar esclerosis múltiple,
una enfermedad crónica ocasionada por la pérdida
de mielina en las fibras nerviosas y puede causar trastornos
sensoriales y musculares. |
•
Hattan no niega que la ingesta de aspartame
produzca metanol, pero afirma que “los niveles de ingestión
son muy modestos” y asegura que existen alimentos que
consume el ser humano que proveen tanto o más metanol
que esta sustancia. |
| •
Causa defectos de nacimiento.
|
•
En las pruebas que se realizaron en animales
no hubo ningún efecto colateral a la reproducción
y afirma que en los estudios se suministraron cantidades muy
superiores a las que la población consume. |
| •
Maklein insiste en que el aspartame varía
la química del cerebro y es por ello que causa ataques
severos como los epilépticos. |
•
Entre las investigaciones científicas
realizadas, se tomó en cuenta la reacción del
producto en personas propensas y sensibles a ataques epilépticos
y los resultados demostraron que no existe ninguna influencia
en la frecuencia ni gravedad de estos ataques. |
Enlaces:
Página
oficial de Nancy Markle
Servicio
de información del aspartame
|
|