| |
La
cultura del chamanismo es atribuida al pueblo de los toltecas, una
etnia indígena mexicana que habitó el centro de la nación
azteca antes de la llegada de los españoles a América.
Los conocimientos de los chamanes eran transmitidos de una generación
a otra por los "guerreros", quienes se unían en pequeños
grupos que seguían a un líder llamado Nagual.
El
indígena Yaqui Don Juan Matus Abelar, Nagual de las localidades
de Sonora, Oaxaca y Tula, abrió las puertas del chamanismo
a la sociedad moderna al revelar y compartir su conocimiento y cultura
con Carlos Castañeda, un antropólogo de origen incierto,
nacido hacia la década de los años 20 o 30 tal vez,
en Perú o Brasil y cuyas obras escritas despertaron tanta
admiración y popularidad como críticas y sospechas
de autenticidad.
Durante
sus estudios de antropología en la Universidad de los Ángeles,
Castañeda conoció a "Don Juan" con quien
efectuó diversos trabajos de campo, adentrándose al
chamanismo y sus prácticas, entre ellas, el consumo de alucinógenos
naturales o "plantas visionarias". Entre sus libros destaca
Las enseñanzas de Don Juan. Una forma yaqui de conocimiento,
el primero de ellos, polémico y novedoso en su época.
En su ópera prima acerca del chamanismo, Castañeda
explica la esencia del mismo, según señalamiento de
Don Juan, como el recorrer hasta los límites los infinitos
caminos de la conciencia humana, comúnmente inexplorados
por el ser humano. Este era el principal motivo de existir de los
"guerreros" toltecas, quienes tutelados por un Nagual
se embarcaban en "viajes" hacia sus conciencias "cruzando
a la libertad total", desprendiéndose de la figura humana,
que no es más que un aspecto más del ser, una línea
más en la "banda" del hombre, según definiciones
usadas por los videntes.
Tras
sus estudios y trabajos, el polémico antropólogo alcanzó
un convencimiento pleno de los métodos de conocimiento de
los toltecas y se dedicó a su difusión y enseñanza.
Además de su bibliografía, conformada por más
de 10 libros publicados, a mediados de la década de los años
90 Castañeda inició una serie de seminarios con el
fin de instruir acerca de la Tensegridad, nombre con el que bautizó
desde una óptica moderna los "pases mágicos"
que conformaban el mundo cognoscitivo de los chamanes.
Un
nuevo sendero
El
conocimiento adquirido junto a los toltecas, Castañeda considera
que todos los individuos pueden alcanzarlo mediante la Tensegridad,
un término tomado de la arquitectura que significa "la
propiedad de armazones que emplean miembros de tensión continua
y miembros de compresión discontinua, de tal manera que cada
miembro opera con máxima eficiencia y economía".
Este vocablo utilizado por el antropólogo combina los términos
tensión e integridad, las dos fuerzas impulsoras de los "pases
mágicos" de los chamanes.
Distintamente
a sus experiencias con Don Juan, Castañeda señala
que los nuevos senderos de conocimiento no comprenden la experimentación
con "plantas de poder" o "visionarias", ya que
éstas, al igual que las drogas, desplazan de unamanera
errática el punto de encaje, haciendo además daño
al cuerpo físico.
Sin
embargo, en el fondo la Tensegridad se basa en los mismos principios
que Don Juan transmitió a Castañeda, los cuales aseguran
que los seres humanos pueden percibir energía
en un estado puro, en un flujo directo del Universo, sin transformarla
en datos sensorios que no es más que el mundo cotidiano que
conocemos; de conciencia limitada.
| |
La
Tensegridad señala que en un momento dado un individuo podría
interrumpir su habitual sistema de percepción e interpretación
común de la energía del Universo (realidad cotidiana)
y alinearse directamente al flujo de éste, convirtiéndose
en un verdadero campo energético. En estos niveles de energía
cada individuo se asemejaría a una esfera luminosa de su
tamaño original con los brazos extendidos.
Cuando
un ser humano es percibido como un campo energético puede
apreciarse un punto luminosidad a la altura de los omóplatos,
a un metro de distancia, detrás de ellos aproximadamente.
Este punto es el que lo videntes mexicanos de la antigüedad
llamaron el "punto de encaje", porque es allí donde
se efectúa la percepción.
A su
vez, los videntes notaron que en el punto de encaje confluyen filamentos
luminosos que conforman los campos energéticos del universo
entero.
Durante
el sueño, el punto de encaje puede desplazarse de su posición
habitual de manera natural, existiendo una relación directamente
proporcional entre este desplazamiento y la rareza de los sueños
durante el mismo. Una vez detectadas estas cualidades de cada individuo,
los chamanes se dedicaron a practicar el desplazamiento voluntario
del punto de encaje, cuyo resultado es lo que se conoce con el nombre
de ensoñar, una utilización de los sueños ordinarios
para trasladarse a otros mundos mediante el desplazamiento voluntario
del punto de encaje.
Más
allá de Don Juan y Castañeda
Existen
estudios que esquematizan el Chamanismo bajo otra óptica
diferente a la de Castañeda. Veamos algunas características:
Consumo
de substancias u otros métodos para modificar el estado de
la conciencia.
Estado
de disociación mental o de conciencia dialógica.
Sistemas
simbólicos e imaginería mental que producen: Mitos
explicativos de cada sociedad, es decir, origen de la cultura y
de la ética predominante, y mitos descriptivos de cada sociedad;
cómo hay que actuar y la causa de ello.
Cada sociedad concentra sus aspectos de inserción cultural
más importantes en diversos ritos: inducen a revivir el contenido
de los mitos y a integrar profundamente a los individuos en el sistema
de valores de la colectividad.
A partir
de ritos se ordenan las cosmologías de cada sociedad: función
social de cada individuo, sistema social, derechos y deberes, expectativas
vitales, etc.
El individuo que asume el papel y la función de ordenador
de los ritos de paso en los pueblos primitivos es el chamán.
El
chamán tiene como elemento diferencial y sacro el dominio
de su mente incluso bajo el efecto de enteógenos, y el contacto
que ello le permite con la dimensión animista del mundo.
Es
el chamán quien prepara y distribuye las substancias enteógenas
cerrando así el círculo sistémico que permite
entender a los pueblos primitivos desde el chamanismo.
Fuentes:
http://www.imaginaria.org/
http://www.verdeclaro.net/ |
|