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El interés de un grupo de artistas por plasmar sensaciones
de movimiento en una superficie bidimensional, engañando
al ojo humano mediante ilusiones ópticas, dio lugar a una
corriente artística que se denominó Arte Óptico,
conocida mayormente por su acepción en inglés: Op
Art; abreviación de Optical Art.
El Arte Óptico apareció hacia finales de los años
50, consolidándose en la primera mitad de la década
siguiente. En 1964, Time Magazine publicó un artículo
sobre un grupo de artistas cuyo objetivo principal era crear ilusiones
ópticas a través de sus obras. La revista bautizó
la tendencia con el nombre de Op Art. En 1965, el Museo de Arte
Moderno de Nueva York albergó una exposición de artistas
de todo el mundo consolidando el estilo.
Destacaron entre los representantes del Op Art: Victor Vasarely,
Bridget Riley, Frank Stella, Josef Albers, Lawrence Poons, Kenneth
Noland y Richard Anuszkiewicz.
Caracterizaron al Arte Óptico las creaciones compuestas por
patrones de repetición de líneas, cubos y círculos
concéntricos, en los que predominaban el blanco y negro y
la contraposición de colores complementarios.
Mediante la repetición de formas simples y un habilidoso
uso de colores, luces y sombras, los artistas ópticos lograban
en sus obras amplios efectos de movimiento, brindándole total
dinamismo a superficies planas, las cuales terminaban siendo ante
el ojo humano espacios tridimensionales llenos de vibración,
movimiento y oscilación.
El Op Art generó una amplia polémica sobre su relación
con el Arte Cinético. Numerosos fueron los personajes que
enmarcaron la tendencia óptica dentro de la cinética,
sin embargo, otra opinión diferenciaba una de otra, considerando
que en el Op Art existía una ausencia total de movimiento
real.
Con el auge del Popular Art, la industria de la moda textil tomó
planteamientos de diversos movimientos artísticos para llevarlos
a las prendas de vestir, poniendo al alcance de las masas elementos
de sofisticado diseño. Entre las tendencias que protagonizaron
esta popularización se encontró el Arte Óptico.
Sus
máximos exponentes
Cuando se habla de Op Art es difícil que la primera referencia
no apunte hacia el trabajo del artista de origen húngaro
Victor Vasarely (1908-1997) cuyos estudios sentaron los principios
del arte óptico.
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Luego
de estudiar medicina, Vasarely inició estudios de arte ingresando
hacia finales de los años 20 a la Academia Mühely, el
Bauhaus de Budapest, a cargo de Alexander Bortnyik. Luego de desenvolverse
como artista gráfico durante un tiempo, dirigió su
trabajo a la pintura. A pesar del amplio y reconocido trabajo óptico,
la obra de Victor Vasarely no se limita al Op Art.
Perspectiva venezolana
Con sus Fisiocromías, el artista venezolano Carlos Cruz-Diez
hizo un amplio aporte al Op Art, fundamentándose en sus investigaciones
sobre las propiedades del color. Nacido en Caracas, el 17 de agosto
de 1922, Cruz-Diez cursó estudios en la Escuela de Artes
Plásticas de Caracas. Durante los años 50, desarrolló
una amplia obra óptica compuesta por planos de color que
se mueven según las distintas perspectivas del espectador
y sus desplazamientos frente a la obra. El alcance de la obra de
Cruz-Diez lo llevó a dirigir la cátedra de investigaciones
cinéticas en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes,
en París.
Otro artista venezolano de incalculable importancia para el movimiento
óptico es Jesús Soto, quien, hacia principios de los
años 50, concibió pinturas que creaban movimiento
y dinamismo a través de la repetición de elementos.
Posteriormente, siguiendo los pasos de Vasarely, Soto recurrió
a los efectos de superposición. Poco a poco la obra del venezolano
fue alcanzando su identidad y finalmente vieron luz sus espacios
de vibración en los que varillas metálicas o alambres
suspendidos libremente crean un amplísimo espectro de actividad
óptica con cada movimiento de los ojos del espectador.
Fuente: "Movimientos en el Arte desde 1945". Edward
Lucie-Smith
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