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Hacia el extremo oeste de la Avenida Boyacá o Cota Mil se abre camino en el cerro El Ávila la escarpada ruta que lleva a Galipán, un caserío cuyo origen remonta a un grupo de inmigrantes oriundo de Canarias que durante el siglo XVIII se asentó en las más altas laderas de los caminos que llevaban desde el puerto de La Guaira a la ciudad de Caracas.

A pocos minutos de iniciado el trayecto, el puesto de guardaparques Llano Grande advierte sobre el ingreso al Parque Nacional Cerro El Ávila. Continuando la vía, exclusiva para vehículos de doble tracción, se alcanza el puesto de Clavelitos, en el que los visitantes pueden dejar sus camionetas y rústicos y seguir andando hasta "Los Venados”. Quienes lleven por rumbo los poblados de Galipán deben continuar la senda.

Alcanzando los 1.870 metros de altura el camino gana rigor y “Boca ‘e tigre” exige al viajero una elección. La encrucijada invita a bajar la montaña hacia el litoral central, con destino a Maiquetía y Macuto, o tomar hacia la derecha rumbo a los altos de Galipán. La primera opción, siguiendo ruta a la costa, nos llevará a San José de Galipán, la última, tomando la fila de El Ávila, nos llevará hacia una nueva intersección en la que la Virgen del Ávila recibe a los visitantes en una gruta y testifica el paso de quienes tomando la subida enrumban hacia los 2.105 metros sobre el nivel del mar del Hotel Humboldt o quienes giran a la izquierda para bajar pocos metros hasta San Isidro de Galipán.

San Isidro y San Francisco, en homenaje al patrón de los campesinos y al protector de la fauna, respectivamente, son los nombres de los poblados que se encuentran en los altos de Galipán. En la parte baja de la zona se encuentra el poblado de San José, llamado así en honor al trabajo de los individuos, y San Antonio, en consideración del patrono de las personas que no tienen pareja.

Manzanares completa los sectores que conforman el Poblado Autóctono de Galipán, tal como establece el decreto 2334 del Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso del Parque Nacional El Ávila, pronunciado en el año de 1992.

Hacia el oeste del caserío se encuentra el picacho de Galipán, desde el que se pueden apreciar hermosas vistas del litoral central, incluyendo el aeropuerto de Maiquetía, Mamo, Caraballeda y Tanaguarena. También puede divisarse, en la montaña hacia el oeste, la ruta conocida como el “Camino Real de los Españoles".



Galipán cuenta con diversas vías de acceso además de la carretera que se incrusta en El Ávila desde Cotiza. También desde el sur, se puede llegar tomando el teleférico que sube al Hotel Humboldt. Tan sólo unos 20-30 minutos caminando separan al emblemático hotel del poblado de San Isidro. Otra vía, desde la capital, es el “Camino Real de los Españoles”, iniciando el recorrido en la Puerta de Caracas, en La Pastora. Desde el norte, en el litoral central abren brecha dos carreteras, una desde Macuto y otra desde Naiguatá. Además del acceso a través del Teleférico, quienes no cuentan con vehículos de doble tracción que les permita hacer el difícil recorrido pueden contratar un servicio de transporte que parte desde el pie de la montaña, en Cotiza.

El disfrute principal que ofrece Galipán a sus visitantes es, sin duda, comulgar con la naturaleza, deleitarse con la tranquilidad que brinda la montaña, recreándose además con las atracciones que ofrecen los lugareños, paseos a caballo, frutas de la localidad y autóctonas meriendas, cuya popularidad acapara el sandwich de pernil. Más recientemente, los visitantes del lugar pueden complacer el paladar degustando ricas creaciones de la cocina vasca, francesa o venezolana, en exclusivos restaurantes que permiten disfrutar sus platos lejos del ruido y el agitado ritmo caraqueño.



EN LA HISTORIA
El Ávila fue decretado parque nacional mediante el Decreto No. 473, el 12 de diciembre de 1958, por la Junta Provisional de Gobierno, presidida por Edgar Sanabria, con el objetivo de conservar sus paisajes, la diversidad biológica y el patrimonio histórico y cultural que alberga. A pesar de los decretos internacionales que señalaban a los parques nacionales como una zona protegida de la explotación y ocupación humana, un estudio sobre el impacto ecológico de los poblados de Galipán sobre el cerro el Ávila determinó que éstos podían permanecer en el recién nombrado parque nacional. Años después, en 1971, un congreso mundial sobre conservacionismo celebrado en Roma determinó que los parques nacionales sí podían ser habitados, con la única condición de que sus pobladores contribuyeran a su equilibrio y mantenimiento.

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