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El nombre japonés Bonsái
deriva del chino Pun-Sai (planta en un cuenco) y aunque sus orígenes
son imprecisos, los expertos los sitúan en China hace más
de mil años como parte de los rituales propios de los taoístas,
quienes consideraban que los fenómenos naturales, como por
ejemplo las montañas, los árboles y las piedras, estaban
cargados de poderes.
Para ellos, los ejemplares de plantas más pequeños
poseían esta energía en forma concentrada y sus formas
retorcidas y nudosas albergaban los espíritus de edad avanzada.
Fue así como este tipo de horticultura se extendió
entre creyentes, adquiriendo su máximo desarrollo entre los
siglos X y XIII, con la llegada de la secta budista Zen. Fue este
grupo quien introdujo los conocimientos y técnicas que posteriormente
los monjes budistas de Japón perfeccionaron y estilizaron
creando y estableciendo las bases estéticas, filosóficas
y religiosas que hasta hoy siguen envolviendo al arte bonsái.
Hoy, esta práctica gana más seguidores puesto que
representa una opción de contacto con la naturaleza sin salir
del entorno cotidiano y permite dar forma a un elemento según
el temperamento y sensibilidad propios.
Eso sí, para aquellos que quieran iniciarse en este arte,
es imperativo saber que deben armarse de paciencia. Antes de llegar
a un estilo que los satisfaga, pasarán muchos días
y árboles por sus manos. Lo importante es que no desfallezcan
y lo intenten hasta lograr resultados positivos.
Para un principiante, una de las mejores opciones es el enebro.
Son fáciles de encontrar y resistentes. Antes de comprar
tanto ése como cualquier otro, hay que tomar en cuenta los
siguientes elementos: la raíz (debe ser abundante); el tronco
(dependiendo del estilo que se quiera: recto o inclinado); la bifurcación
(las ramas principales deben ser gruesas) y los efectos de los cambios
que se realicen (el estado de las raíces: deben ser blancas,
si está bien nutrido y si se observan cambios en su crecimiento).
Luego de escoger alguno de los estilos de poda y cuidado, deben
contar con las herramientas correspondientes que, aunque no son
muchas, deben estar en buen estado. Las más importantes son
tijeras, cortador cóncavo, cortador de alambre, alambre,
cortadores de redondeado, sierra plegable, rastrillo y pinzas.
Si ya se tienen todos los elementos y se ha escogido un estilo,
lo que resta es observar la naturaleza y tratar de recrearla en
ese microcosmos que resulta el bonsái, los cuales al igual
que la vida, cambian con las experiencias que viven y la dedicación
de sus dueños.
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ESTILOS DE BONSÁI
Se habla de cinco estilos distintos de poda y cuidado de bonsái
que dependen de la forma y estructura de la planta.
Ellos son:
- Vertical formal (Chokkan):
Posee un tronco derecho y distribución
de ramas equilibradas. Su forma ideal es de pirámide, con
las ramas más desarrolladas en la parte inferior y las más
pequeñas en la copa.
- Vertical informal (Moyogi): Es considerado uno de
los estilos más comunes. Sigue la estructura natural del
tronco y busca una línea única del mismo.
- Inclinado (Shakan): Dada la naturaleza
del tronco, lo que se busca con este estilo es un equilibrio que
viene dado con la cantidad de ramas presentes en él.
- Cascada (Kengai):
Recibe su nombre por la forma cómo las ramas caen
hacia abajo. Deber tener una corona pequeña arriba en la
cima de la maceta y una larga vertiendo la rama principal que fluye
desde la porción más inferior del tronco al ápice.
- Azotado por el viento (Fukinagashi):
Sus ramas parecen barridas por el viento. Se inspiran en árboles
costeros donde el viento produce tal efecto.
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