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Cuando hablamos de vino lo primero que se
nos viene a la mente son países europeos tales como Francia,
Italia, España, Portugal. Sin embargo, la vid y el vino tienen
su origen en tierras más lejanas.
Los textos sitúan a la vid por primera vez en Mesopotamia,
alrededor de 6.000 años antes de Cristo. De allí pasó
a Fenicia y sus alrededores, hoy conocidos como el Líbano,
Israel, Siria, Jordania hasta llegar a Egipto 3.000 años
antes de Cristo.
De esta forma, la vid y el vino fueron colonizando cada vez más
lugares hasta llegar a Grecia, de donde los romanos los transportaron
a Sicilia, Italia y al norte de África.
Es desde este último lugar que el vino pasó a la Península
Ibérica, (España, Francia y Portugal) y al resto de
los países europeos durante los primeros siglos de la Era
Cristiana.
La presencia del cristianismo impulsó la siembra de vides,
el consumo y la elaboración del vino; al extremo que se decía
que allí donde se construyera una iglesia, nacía un
viñedo.
La Iglesia fue la depositaria de los conocimientos de la civilización
en esta época, y fue identificada con el vino, no sólo
como la sangre de Cristo, sino como el lujo y el bienestar de este
mundo.
Fue hacia el año 1500, luego del descubrimiento de América
que los sacerdotes, principalmente provenientes de España,
trajeron sus cepas de vides al nuevo mundo. En casi todos los países
americanos los viñedos prosperaron y fueron adaptándose
nuevas cepas y sistemas de crianza, menos en las zonas tropicales,
donde poco a poco se fue perdiendo interés por este tipo
de cultivo. Fue cerca de la década de los años setenta,
cuando se retomó el tema y se inició el florecimiento
de la vitivinicultura tropical.
.: Vitivinicultura en Venezuela
:.
La vid fue introducida en América por sacerdotes españoles
y Venezuela no fue la excepción.
Durante la época de la colonia, se establecieron pequeñas
plantaciones para los misioneros con fines ornamentales, ya que
existía la creencia de que la vid no se desarrollaba bien
en climas tropicales.
Hay evidencia de que los primeros viñedos se establecieron
en la ciudad de Cumaná, a partir de 1523; posteriormente
la vid se llevó a Caracas.
En 1905 se crearon pequeñas plantaciones en Lagunillas, estado
Mérida. En el período comprendido entre 1920 y 1938
existió una plantación comercial entre Valencia y
Naguanagua.
Desde 1938 hasta 1970 estas siembras se propagaron por distintas
partes del país, siendo una época de gran empuje el
período comprendido entre 1950 y 1960, gracias al entusiasmo
de los inmigrantes europeos que se establecieron en Venezuela.
Pero tuvieron un éxito relativo y muy corto debido al poco
conocimiento de las condiciones climáticas de nuestro país
y a la falsa premisa de que la vid, por ser de origen europeo, debía
cultivarse sólo en zonas frías y húmedas.
De esta forma el cultivo de la uva se fue desplazando hacia zonas
de menos humedad y temperaturas relativamente altas, como ocurre
en algunas partes de los estados Aragua, Anzoátegui, Lara
y Zulia.
Es a partir del año 1975 cuando se fundaron organismos oficiales
y privados tales como el Instituto de la Uva de la Universidad Centro
Occidental Lisandro Alvarado, en Lara y el Centro de Desarrollo
Vitícola del Zulia, encargados de montar plantaciones experimentales
para estudiar y adaptar la vid a nuestras condiciones. Su objetivo
era afianzar este cultivo a nivel nacional, incorporando y generando
un paquete tecnológico de punta.
Basado en todos los estudios previos realizados en los estados Lara
y Zulia por los organismos citados anteriormente, en 1985, Empresas
POLAR de Venezuela y la Casa Martille de Francia, deciden unir esfuerzos
para fundar BODEGAS POMAR, (nombre formado por las primeras sílabas
de cada empresa: POlarMARtell), la primera bodega
de producción de vinos a escala comercial en Venezuela y
el trópico, elaborados única y exclusivamente con
uva fresca de sus propios viñedos plantados en Altagracia
de Carora, estado Lara.
Para tal fin se fundó un viñedo experimental, donde
se probaron 22 variedades de vid procedentes de las mejores zonas
vitícolas del mundo y seis portainjertos, entre ellos uno
totalmente venezolano, denominado "Criolla Negra".
Los resultados de este experimento fueron totalmente favorables
y permitió consolidar un paquete tecnológico para
la producción de uvas de vino en climas tropicales.
Paralelamente se realizaron investigaciones de aptitud enológica
para determinar qué variedades de uva se adaptaban mejor
a nuestras condiciones climáticas, proporcionando al mismo
tiempo vinos de calidad, con buenas características organolépticas.
El resultado fue once variedades de uva, que además de presentar
características similares a las obtenidas en sus zonas de
origen, tenían presencia y personalidad definida por el clima
y suelo larense.
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Viña Altagracia Blanco :.
Origen
Vino elaborado con las variedades Chenin Blanc,
originaria del Valle de Loira, Macabeo, de la Cataluña Española
y Malvoisie, de Languedoc- Roussillon.
Cata
Color amarillo pálido con tonalidades verdosas de aromas
delicados donde dominan los recuerdos a frutas y flores. Seco y
amplio en boca, con una persistencia frutal muy agradable. Debe
servirse entre 8 y 10°C.
Excelente como aperitivo y para acompañar todo tipo de mariscos,
pescados y carnes blancas de preparación sencilla.
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Viña Altagracia Tinto :.
Origen
Elaborado con las variedades de uva Syrah y Mourvedre
originarias de Côtes de Rhone y Tempranillo
de la Rioja española.
Cata
De color rubí mediano, con tonalidades púrpuras, aromas
suaves y delicados que evocan frutas rojas y un toque floral hacia
la violeta. Seco amplio y fresco en la boca, suave y fluyente con
discreta presencias de taninos muy agradables. Debe servirse fresco
a una temperatura entre 12 y 14°C.
Este vino tinto ligero es muy apropiado para climas cálidos,
acompaña muy bien carnes pastas y quesos de sabores y preparación
moderadas.
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"VIAJE
A LA
VENDIMIA
SEPTIEMBRE
2001"
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