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Los
pingüinos pertenecen a un grupo de pájaros primitivos
que evolucionaron hace millones de años perdiendo la capacidad
de volar, pero en su lugar desarrollaron la habilidad de impulsarse
en el agua, lo que les permite ser buenos nadadores.
Aunque
se ven poco ágiles estando en superficie, dentro del agua
se transforman en una especie de torpedos que incluso pueden alcanzar
grandes profundidades. Así mismo, cuentan con una gruesa
capa de grasa y plumas especializadas que los hace impermeables.
El plumaje de
estos animales es denso, compacto y satinado, generalmente de color
marrón oscuro o negro en el lomo y de color blanco en el
vientre. Tienen un tamaño que varía entre los 38 y
los 119 centímetros y se alimentan principalmente de microorganismos
acuáticos, peces y crustáceos; siendo capaces de vivir
por largo tiempo sin alimento.
Debido
a que sus patas traseras son muy cortas, deben balancearse a un
lado y otro para avanzar en tierra; pero, además de caminar,
pueden deslizarse sobre la nieve apoyados en su vientre, usando
su estómago como un trineo.
A
pesar de ser monógamos, es decir, de tener una única
pareja, son animales muy sociables que viven en comunidades que
a veces superan los 150.000 individuos. Tanto en tierra como en
el mar siempre se les encuentra en grupos, de esta manera están
más protegidos de sus depredadores y del clima frío
de su entorno.
A la hora de
reproducirse, cada pareja busca un lugar adecuado donde colocar
sus huevos, lejos de los depredadores. Esto ocurre entre los meses
de mayo y junio, donde el invierno se hace más fuerte y las
noches pueden durar hasta 20 horas.
En
el momento en que la hembra pone los huevos, ésta se los
pasa al macho para que sea él quien los incube. Para no poner
los huevos en contacto con el frío del piso el macho se los
coloca en las patas y los tapa con las plumas del abdomen, esto
lo obliga a no poder moverse y, por lo tanto, no poder alimentarse
ni dormir durante el día por dos meses aproximadamente.
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Mientras
esto sucede la hembra vuelve al mar para alimentarse y guardar energías
para poder alimentar a sus polluelos, porque las crías nacen
muy hambrientas. Cuando la especie hembra vuelve al refugio los
machos se marchan al mar a alimentarse.
En la etapa de crecimiento estos animales se juntan en grupos llamados
guarderías, con el fin de protegerse de los depredadores
y del intenso frío que hace en esa época cuando los
vientos pueden ser de 180 kilómetros por hora y el termómetro
puede bajar hasta los -60º C; mientras sus padres van a alimentarse.
Los
pingüinos reconocen a sus crías por los chillidos que
hacen y que pueden escucharse incluso a un kilómetro de distancia.
Afortunadamente, crecen más rápidamente hacia el final
de la primavera, siendo independientes a la mitad del verano.
A
medida que van creciendo estos diminutos “torpedos”
pueden comunicarse a través de una compleja red de sonidos
y movimientos. Por ejemplo, en las disputas por el territorio adoptan
comportamientos agresivos como mover rápidamente su cabeza,
dar golpes con sus aletas y mirar fijamente a su oponente mientras
emiten una especie de graznido.
Su
preservación se ha visto favorecida por lo inaccesible de
los territorios donde usualmente se encuentran, y aunque el hombre
junto a las focas leopardo y las ballenas asesinas son sus enemigos
más importantes, su especie no esta ni remotamente en extinción.
Imagen
tomada:
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http://www.gdargaud.net/Antarctica/Penguins
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