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La
“capacidad para realizar un trabajo”, es el enunciado
utilizado por la Física para definir de modo simple el término
Energía. Cuando este “trabajo” se trata de la
división o unión de núcleos atómicos,
de manera espontánea o provocada, estamos ante lo que llamamos
energía atómica o nuclear.
¿Qué
es el átomo?
Sabemos en la actualidad que un átomo es la mínima
expresión de un elemento químico, que incluye un núcleo
conformado por protones y neutrones, rodeado a su vez de electrones
orbitales, en una cantidad característica para cada elemento.
Ya en la antigua
Grecia se hablaba de una “partícula fundamental”
presente en la materia. Tras sus estudios y deliberaciones, los
filósofos griegos concluyeron que la materia no podía
ser divida indefinidamente. Así, con Demócrito y los
Epicúreos a la cabeza, se sentó una teoría
que señalaba que dicha materia estaba compuesta por partículas
indivisibles a las que llamaron átomos, at?µ?? en griego,
luego atomum en latín; significado: “indivisible”.
Durante los
siglos siguientes el estudio del átomo no despertó
interés, hasta principios del XIX cuando John Dalton expuso
una nueva teoría acerca de la constitución de la materia.
El químico inglés propuso dos grupos: elementos y
compuestos. Los primeros incluirían unidades fundamentales,
que en honor a Demócrito llamó “átomos”,
mientras que los últimos se formarían de moléculas,
originada cada una de ellas a partir de una unión precisa
y constante de átomos. Esta tesis de Dalton continuó
considerando al átomo como una partícula indivisible.
Pocas décadas
después, el investigador Sir Joseph Thomson, también
de origen inglés, descubre el electrón como una de
las partículas que componen el átomo. El hallazgo,
logrado en 1897, vale al británico el Premio Nobel de Física
en 1906. Por su parte, el japonés Hantaro Nagaoka plantea
que lo electrones descubiertos por Thomson se mantendrían
en órbitas alrededor de un ente central de carga positiva,
simulando las órbitas de los planetas alrededor del Sol.
Hacia finales
de la primera década del siglo XX, el neozelandés
Ernest Rutherford encabeza una serie de trabajos en la Universidad
de Manchester que permiten concluir la distribución de la
carga eléctrica en el núcleo de los átomos.
En 1919, Rutherford descubre los protones y su presencia en el núcleo
de todo átomo. Finalmente, en 1932, el físico británico
James Chadwick develó la otra partícula presente en
el núcleo del átomo: el neutrón.
Tras los distintos
postulados, tenemos que la concepción elemental del átomo
señala la presencia de partículas con carga eléctrica
negativa, llamadas electrones, girando en órbitas en torno
a un núcleo conformado por protones, de carga eléctrica
positiva, y los neutrones, que no poseen carga eléctrica.
Esta composición da lugar a un conjunto eléctricamente
neutro.
Cada
átomo contiene un número igual de protones y de electrones.
Dicho número es el que conocemos con el nombre de número
atómico, que se expresa con el subíndice "Z".
La sumatoria de protones y neutrones del núcleo atómico
se denomina número másico y se expresa con el superíndice
"A".
En el caso del Hidrógeno tendríamos la siguiente presentación:
1H1
Además de los estudios señalados en los párrafos
anteriores, han surgido a lo largo de la historia otros modelos
atómicos que han aportado nuevos detalles e impulsado el
desarrollo de la física en distintos ámbitos, entre
ellos, el modelo del físico danés Niels Bohr, Premio
Nobel de Física en 1922 y el modelo Mecano – Cuántico,
a partir de los estudios del francés Luis De Broglie, Premio
Nobel de Física en 1929.
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La
energía atómica o nuclear puede producirse de manera
espontánea en el caso de algunos elementos y, además,
puede provocarse de manera controlada a través la fisión
y la fusión nuclear, mediante el bombardeo neutrónico,
entre otras técnicas.
Fisión
Nuclear
Al bombardear con neutrones un núcleo pesado, por ejemplo
los núcleos atómicos de Uranio 235, éste se
divide en dos fragmentos acompañado de una emisión
de radiación. Esta reacción nuclear puede liberar
dos o tres nuevos neutrones y una gran cantidad de energía
transformada en calor.
El
proceso de fisión fue llevado a cabo por primera vez en el
año 1934 por el físico de origen italiano Enrico Fermi,
pero no fue reconocido hasta 1939 cuando los alemanes Otto Hahn,
Fritz Strassmann y Lisa Meitner dieron a conocer los resultados
de un experimentó que consistió en bombardear con
neutrones núcleos de uranio.
La
energía originada a partir de la fisión puede originar
una reacción en cadena incontrolada como en el caso de la
explosión de una bomba atómica. Por el contrario,
las reacciones controladas pueden utilizarse para producir calor
con el fin de generar energía eléctrica. Este último
es el principio utilizado en los reactores nucleares que actualmente
se encuentran operativos en distintas localidades del mundo.
Fusión
Nuclear
Cuando dos núcleos atómicos livianos se unen forman
un tercer núcleo de mayor peso. En estos casos la reacción
nuclear puede originar enormes e incontrolables cantidades de energía.
Para
separar los núcleos de átomos de los neutrones que
se encuentran en órbita a su alrededor se recurre a gases
sobrecalentados, con el fin de producir un proceso similar al ocurrido
con el Sol y las estrellas, gases calientes atrapados por una fuerza,
en esos casos la gravedad estelar.
Mediante
el uso de energía térmica o de aceleradores de partículas
se lograr la unión de los núcleos al vencer las fuerzas
electrostáticas generadas al momento del choque entre los
átomos necesario para la fusión.
Al
igual que en la fisión nuclear, una reacción incontrolada
mediante la fusión termonuclear genera una enorme fuente
de energía como es el caso de la explosión de una
bomba de hidrógeno.
Enlaces
•
Asociación Nuclear Mundial
http://www.world-nuclear.org/
•
Agencia Internacional de Energía Atómica
http://www.iaea.org/
•
Instituto de Energía Nuclear
http://www.nei.org/
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